LONDRES / MADRID – El oro ha consolidado su estatus como el refugio definitivo en este convulso inicio de 2026. Tras batir récords históricos en enero, el metal precioso navega entre desplomes y recuperaciones que mantienen en vilo a los mercados. Sin embargo, detrás de la brillante cotización en los tableros de Londres o Nueva York, subyace una crisis silenciosa: la industria se debate entre la eficiencia de la minería industrial y el rastro tóxico de la extracción artesanal, que hoy amenaza la salud de más de 100 millones de personas.
Mientras el sector industrial asegura haber erradicado la contaminación, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), a través de su iniciativa PlanetGOLD, advierte que la minería a pequeña escala sigue siendo la mayor fuente de contaminación por mercurio en el planeta.

El factor Mercurio: Una técnica de 3.000 años
La minería artesanal, extendida en vastas zonas de Sudamérica (con especial foco en el Arco Minero del Orinoco), Asia y África, emite anualmente más de 2.000 toneladas de mercurio. La técnica es rudimentaria pero letal: se utiliza el metal líquido para amalgamar el oro, creando una «bolita» que luego se quema al fuego.
«He visto a mineros con una botellita de mercurio atada al cinturón, como los vaqueros de antaño. Al quemar la amalgama para liberar el oro, el mercurio se evapora y se vuelve supercontaminante», relata el ingeniero de minas Alberto Lavandeira, CEO de Atalaya Mining.
Este mercurio no se degrada. Se filtra en los sedimentos, escala por la cadena trófica hasta llegar a los peces y, finalmente, termina en la mesa del ser humano, provocando daños neurológicos irreparables.
Minería Industrial: ¿Es el cianuro el «mal menor»?
En el otro extremo del espectro se encuentra la minería de gran escala, responsable del 95% de la producción global. Aquí, el mercurio es un tabú. En su lugar, el protagonista es el cianuro sódico.
Aunque el nombre evoca peligro, la industria defiende su uso bajo protocolos de circuito cerrado. Lavandeira explica que el cianuro disuelve el oro de la roca triturada para luego fijarlo en carbón activo. Al ser un proceso de alto costo, verterlo sería, en palabras del ingeniero, «tirar el dinero». A diferencia de las prácticas de finales de los años 70, la legislación actual y la tecnología de recuperación han convertido a las minas modernas en ecosistemas industriales estrictamente regulados.
La paradoja del suministro: El oro de los faraones
A pesar del hambre de los mercados por más lingotes, el suministro de oro tiene una rigidez física inamovible. Lavandeira destaca dos realidades que definen el mercado en 2026:
- Inelasticidad de la oferta: No se puede fabricar oro por decreto. Construir una mina nueva toma entre 3 y 4 años, lo que impide reaccionar de inmediato a las subidas de precio.
- Inmortalidad del metal: «Todo el oro extraído desde la época de los faraones sigue en circulación», afirma Lavandeira. Es un recurso que se recicla infinitamente, desde joyas antiguas hasta componentes de alta tecnología.
Hacia un «Oro Verde»: El reto de PlanetGOLD
El desafío para este 2026 es formalizar a los mineros artesanales. PlanetGOLD no solo busca prohibir el mercurio, sino sustituirlo por técnicas de concentración por gravedad y procesos de fresado mejorados.
Requisitos para una minería responsable:
- Licencias Ambientales: Legalización de las pequeñas explotaciones.
- Planes de Restauración: Medidas para revertir la degradación de suelos y fuentes hídricas.
- Concienciación: Romper la invisibilidad de los efectos del mercurio, que no son inmediatos pero sí acumulativos.
La industria del oro se encuentra en una encrucijada: mientras los bancos centrales acumulan metal para protegerse de la inflación, el planeta exige que el brillo de este activo no dependa de la toxicidad de sus procesos.
Por : SDNnews con informacion de EFE |








