CARACAS.– Modelos de predicción climática de la Universidad de Columbia (IRI) y de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos anticipan el probable desarrollo de un fenómeno de El Niño de extrema potencia entre finales de 2026 y principios de 2027. Las proyecciones estacionales coinciden en que las anomalías de la temperatura superficial del mar podrían situarse hasta 4 °C por encima de los valores promedio habituales en la región Niño 3.4, lo que perfila un escenario de severidad meteorológica para la nación y el norte de Sudamérica.
El especialista e investigador venezolano en bioclimatología, Jorge Paolini-Ruiz, advirtió sobre la magnitud de estas estimaciones tras contrastarlas con los registros del evento ocurrido entre 2015 y 2016. Durante aquel periodo, estudios de campo en el Bosque Seco Tropical Loefling, ubicado en Ciudad Guayana, mostraron un agudo estrés hídrico y la pérdida masiva de follaje en la vegetación local. Si se considera que la temperatura media del mar en el litoral venezolano oscila regularmente entre los 26,5 °C y los 28,5 °C, un incremento adicional de cuatro grados afectaría de manera crítica la biodiversidad y el equilibrio ambiental.
Alteraciones térmicas y severas consecuencias socioeconómicas
Las proyecciones térmicas para la geografía nacional estiman que durante los meses habitualmente más frescos (enero a marzo) las marcas de los termómetros fluctuarán entre los 25 °C y 27 °C, mientras que en la época de mayor radiación solar (agosto a octubre) los promedios se elevarán a rangos de entre 28,5 °C y 31 °C. En cuencas vulnerables como la del Lago de Maracaibo, donde los picos máximos alcanzan ordinariamente de 30 °C a 32 °C, la consolidación del patrón climático reduciría drásticamente el régimen de lluvias e intensificaría las olas de calor.
Históricamente, la instauración de este fenómeno repercute de forma directa en la dinámica del país a través de:
- Déficit hídrico en embalses: Descenso crítico en los niveles de almacenamiento de represas y cauces fluviales, comprometiendo la distribución de agua potable, el riego agrícola y la generación de energía hidroeléctrica.
- Incendios de vegetación e impacto en salud: Proliferación de focos de calor y propagación de incendios forestales debido a la sequedad de la biomasa. La presencia de calima y humo en áreas urbanas eleva el riesgo de afectaciones respiratorias en la población.
- Afectación al sector agroproductivo: Pérdida de rendimientos en rubros fundamentales como maíz, arroz y café, sumado a contratiempos operativos en las actividades ganaderas y pesqueras.
- Interacción con polvos del Sáhara: Posible convergencia entre la sequía prolongada y la llegada de masas de partículas del desierto africano, fenómeno que acentúa la aridez atmosférica.
Recomendaciones y activación de planes de contingencia
Frente a la concordancia de las herramientas meteorológicas independientes, el investigador insta a evaluar bioindicadores de campo —tales como la presencia de líquenes sobre formaciones rocosas— para medir el avance del estrés hídrico en los ecosistemas. De igual forma, las recomendaciones orientadas a los organismos públicos y comunidades enfatizan la urgencia de estructurar diagnósticos preventivos en las reservas de agua, coordinar protocolos para la sofocación de incendios de campo y brindar apoyo técnico al sector agropecuario ante el inminente déficit pluviométrico.
Ante la posibilidad de que la intensidad proyectada supere los registros del bienio 2015-2016, especialistas del área señalan que las instituciones de protección civil y gestión de riesgos deben activar desde este momento las estrategias de contingencia para atenuar los impactos sociales, ecológicos y económicos del evento climático.
Por: Redacción Standard Digital News | Sección: Medio Ambiente – Ciencia | Con información de Efecto Cocuyo / Fotos cortesía | Fecha: 28 de julio de 2026








