CARACAS – 11 de febrero de 2026.-Venezuela despide hoy a un hombre que no solo observó el teatro, sino que lo diseccionó para entender la identidad de todo un país. Leonardo Azparren Giménez, el crítico, historiador y académico más influyente de las tablas nacionales, falleció este miércoles a los 85 años. Su partida deja un vacío irreparable en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y en las instituciones culturales que ayudó a cimentar durante más de seis décadas de labor incansable.
Un arquitecto del pensamiento teatral
Nacido en Barquisimeto en 1941, Azparren Giménez transformó la crítica teatral en una disciplina de rigor científico y filosófico. Como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua y Profesor Titular de la UCV, dedicó su vida a formar generaciones de artistas e investigadores. Su cátedra sobre Teatro Griego y Teatro Venezolano no solo impartía datos; enseñaba a leer la condición humana a través del drama.

Su pluma fue el puente entre el pasado y el presente. Obras como El teatro en Venezuela: ensayos históricos y su monumental compilación de Clásicos del teatro venezolano, rescataron del olvido piezas de tres siglos, asegurando que el legado de autores como Cabrujas, Rengifo y Santana tuviera un hogar académico y crítico.
Gestión pública y prestigio internacional
Más allá de las aulas, Azparren fue un hombre de Estado. Su trayectoria como diplomático (1971-1991) y su liderazgo al frente de instituciones pilares como Monte Ávila Editores, la Fundación Teresa Carreño y el Fondo de Fomento Cinematográfico, marcaron una época de oro en la gestión cultural del país.
Su excelencia cruzó fronteras, siendo reconocido por la Universidad de Buenos Aires con el prestigioso Premio Armando Discépolo, consolidándose como un referente ineludible del teatro latinoamericano y miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE).
Un legado de lucidez hasta el final
Incluso en sus últimos años, su agudeza intelectual permanecía intacta. Sus columnas en Trópico Absoluto, seguían siendo el termómetro necesario para entender la evolución de la escena contemporánea. Para Azparren, el teatro era un espejo de la sociedad: «El teatro es un hecho social por excelencia», solía repetir, subrayando que sin reflexión no hay arte.
Hoy, las luces de los escenarios venezolanos se atenúan para honrar al hombre que les dio sentido histórico. Su trabajo garantizó que la tradición escénica de Venezuela no fuera una anécdota fragmentada, sino una historia sólida y coherente.
Por: Redacción SDNnews con informacion de agencias/ Foto cortesia








