LOS ÁNGELES, Estados Unidos — En una gala que ya se perfilaba como histórica, la 98.ª edición de los Premios Óscar regaló este lunes el momento definitivo para la cultura pop. Anne Hathaway y la mítica editora de Vogue, Anna Wintour, irrumpieron en el escenario del Teatro Dolby bajo los acordes de «Vogue» de Madonna, protagonizando un guiño cinematográfico que ha encendido las redes sociales ante el inminente estreno de la secuela de «El diablo viste a la moda».
Una escena digna de Miranda Priestly
La complicidad —y el calculado desplante— entre ambas figuras comenzó cuando Hathaway, recreando la vulnerabilidad de su personaje «Andy» Sachs, consultó a la mujer más poderosa de la industria. «Anna, ¿te parece bien mi vestido de esta noche?», preguntó la actriz con una estudiada timidez.
Fiel al personaje de la vida real que inspiró a Miranda Priestly, Wintour mantuvo una seriedad imperturbable. Ignorando la pregunta, se ajustó sus icónicas gafas oscuras y sentenció con frialdad: «Y los nominados son…». El gesto, que evocó de inmediato el rigor de la revista Runway, desató risas unánimes entre la élite de Hollywood presente en la sala.
El remate: «Gracias, Emily»
El punto culminante del segmento llegó segundos después. Tras presentar una de las categorías, Hathaway invitó a la editora a anunciar los nominados a Mejor Maquillaje y Peluquería. La respuesta de Wintour fue el golpe de gracia para los fanáticos de la cinta de 2006: «Gracias, Emily», respondió secamente, haciendo referencia al nombre genérico con el que Priestly llamaba a todas sus asistentes en la ficción.
Marketing y nostalgia en la pantalla grande
Este encuentro no ha sido casual. La viralización inmediata del clip en plataformas como X e Instagram ocurre justo cuando la industria calienta motores para el estreno de la segunda parte de la película este mismo año.
La conexión entre el personaje de Hathaway y la figura de Wintour —cuya personalidad fue el molde para el papel de Meryl Streep— cerró un círculo de casi dos décadas, demostrando que, en el mundo de la moda y el cine, el estilo (y el desdén) son eternos.








