Tras costarle al Real Madrid casi 200 millones de euros en traspasos, James Rodríguez y Gareth Bale, repudiados ambos por Zinedine Zidane, emprendieron el pasado verano el camino hacia la Premier League.
Su suerte, sin embargo, ha sido muy dispar. Mientras que uno es la estrella de su nuevo equipo, el otro ha vuelto a escoger el ostracismo como forma de vida, y, pasado ya el ecuador de la temporada, en Inglaterra tienen muy claro quién ha sido una gran incorporación y quién puede convertirse en una de las peores operaciones del curso.
Esta noche, Tottenham y Everton se enfrentan en la Premier League, pero ni James, con molestias, ni Bale, que no cuenta para Mourinho, tienen muchas papeletas para estar sobre el terreno de juego.
A pesar de todo, el galés es el que más probabilidades tiene, aunque sean pocas, para jugar, pues su entrenador podría optar por reservar a alguno de sus titulares de cara al partido contra el Manchester City.
El Everton, sin embargo, no es un equipo precisamente fácil, y Mourinho no debería confiarse frente a un rival directo que marcha sexto, es decir, un puesto por delante, con un partido menos y un punto más.
En contraste, a James no le ha penalizado la actitud sino el físico, pues siempre que le han respetado las lesiones Ancelotti ha tirado de él.
Dos caminos, en un principio paralelos, que se han ido separando con el paso del tiempo.









