NUEVA YORK – El eco de la clave se fundió este lunes con el incienso en la Catedral de San Patricio. En una ceremonia que paralizó la Quinta Avenida, la comunidad latina, leyendas de la música y miles de «colonianos» se reunieron para dar el último adiós a Willie Colón, el rebelde del Bronx que transformó la salsa en un lenguaje de resistencia y orgullo universal. La ceremonia religiosa comenzó a las 9:30 de la mañana en el templo ubicado en el 631 de la Quinta Avenida

Un funeral con ritmo de barrio y solemnidad de Estado
Desde tempranas horas, una marea humana vestida de luto, pero portando banderas de Puerto Rico y carátulas de vinilos históricos como Cosa Nuestra o Siembra, rodeó el templo gótico.


El féretro de William Anthony Colón Román entró a la catedral escoltado por una guardia de honor, mientras los acordes de un trombón solitario rompían el silencio sepulcral, recordando por qué se le apodó «El Malo»: no por maldad, sino por un talento tan agresivo y brillante que cambió las reglas del juego.

Durante la homilía, se destacó la dualidad de Colón: el músico prodigio que a los 17 años ya grababa para Fania Records, y el hombre maduro que se convirtió en un pilar político para los hispanos en Estados Unidos. «Willie no solo tocaba el trombón; él soplaba el alma de Nueva York hacia el resto del mundo», mencionó uno de los oradores en un altar adornado con coronas de flores enviadas por colegas de toda América Latina.

El legado del arquitecto de la Salsa
La despedida en San Patricio marcó el cierre de una era. La importancia de Colón trasciende la música:
- El binomio de oro: Se recordaron sus años junto a Héctor Lavoe, una unión que definió el sonido del malandraje romántico y la cruda realidad urbana.
- La expansión intelectual: Su colaboración con Rubén Blades, que dio a luz al álbum más vendido en la historia de la salsa, demostrando que el ritmo caribeño podía ser, a la vez, bailable y profundamente social.
- Activismo inquebrantable: Su labor como directivo de la coalición de inmigrantes y su lucha por los derechos civiles fueron subrayadas como parte esencial de su herencia humana.
«Idilio» eterno bajo el cielo de Manhattan
Al finalizar la misa, mientras el féretro era retirado hacia el coche fúnebre, la multitud estalló en un aplauso rítmico que duró varios minutos. No hubo silencio, hubo celebración. Espontáneamente, grupos de músicos en las cercanías comenzaron a tocar los primeros compases de «Gitana» e «Idilio», convirtiendo la despedida en una descarga callejera que Willie, sin duda, habría aprobado.

Nueva York despide a su hijo predilecto, pero las radios de los barrios, desde el Bronx hasta San Juan, aseguran que el «Rey del Trombón» nunca dejará de sonar.
Por redacccion SDNnews / Fotos y video cortesia








