“El Velatorio»Cuento de Terror, por Andrea Ríos.

Pronto saldra publicada la Obra «EL VELATORIO» Cuento de Terror de la escritora Andrea Rios, una joven que se abre paso en la literatura , escribiendo  una narrativa perteneciente al género de la ficción sobrenatural.

«EL VELATORIO»

Ya eran pasadas las seis de la tarde, Marcia y su tía entraban a la capilla velatoria, esta se encontraba a un costado de la antigua iglesia gótica, ya había mucha gente reunida, todos impecables y formales en su negro vestuario. Marcia logró ver en algunos, una expresión de sincero dolor, pero vio también, que la mayoría acudió solo por compromiso. La adolescente vio a su compañera rodeada de adultos, se notaba muy animada considerando que su padre había muerto hacía pocas horas. Camila, la hija del difunto, vio que Marcia venía hacia ella, y fue a saludarla como si se tratara de una gran amiga. Camila, se notaba más amable de lo habitual y esto le pareció extraño a Marcia, ya que en el colegio prácticamente no le hablaba.

De pronto la hija del difunto tomó a Marcia de la mano y la acercó hacia el lugar donde se encontraba el ataúd, al mismo tiempo le preguntaba si le daba miedo mirar a un muerto, Marcia no entendía este afán morboso y extraño de su compañera, más aun tratándose del cadáver de su padre, así que la miro con extrañeza, luego Camila insistió diciéndole que su padre  llevaba puesto un bello traje nuevo. Marcia vio que el semblante amable de su compañera comenzó a cambiar, estaba molesta que no accediera a su lóbrego requerimiento, casi de un modo infantil le preguntaba insistentemente si le daba miedo mirar a un muerto. Marcia, no tenía la menor intención de asomarse a mirar por el vidrio, pensaba que a esas alturas ya se encontraría medio descompuesto aquel cadáver, tampoco sentía la necesidad de tomar esto como algún desafío personal del cual podría hablar con sus amigas, y finalmente decidió que haría lo posible por retirarse pronto del lugar y de la compañía desagradable de la extraña Camila. Era obvio para Marcia, que su compañera no se encontraba muy bien, quizás le habían dado un tranquilizante que resultó provocar los efectos contrarios y tenían a esta chica al borde de la ansiedad

Camila no era precisamente simpática pero ahora estaba más desagradable y extraña de lo habitual. Marcia recordó al padre de su compañera en vida, este tenía un aspecto severo y de pocos amigos, llevaba el ceño fruncido permanentemente e incluso le llamaba la atención a su hija frente a otros apoderados o compañeras de curso. Marcia sintió que algo no andaba bien, y lamentó no haber escuchado a sus amigas que se negaron a asistir al funeral, así que le dijo a su tía que quería retirarse pronto. Pero era tarde para ella, ahí estaba tratando de no aceptar los requerimientos de su insistente compañera, al lado de una tía más preocupada de las apariencias que de su sobrina. Marcia se alejó de Camila y mientras caminaba hacia la salida, escuchó a algunos invitados que rumoreaban sobre el difunto, decían que se había quitado la vida, Marcia no podía explicarse aquella decisión tan violenta del padre de su compañera, pero tampoco lo hablaría con nadie, pues no quería saber más al respecto. Sentía que a sus breves años, esta no sería la mejor de las experiencias, el intenso aroma a flores le provocó náuseas, la capilla estaba demasiado cerrada y con falta de ventilación, las letanías constantes de un rosario la hacían perder la calma.

Marcia salió de inmediato del lugar, y cuando sintió que su cuerpo volvía calmarse y su mente se alejaba de aquellos comentarios, vio frente a ella a Camila, esta tenía un ánimo distinto, le pidió que la ayudara a ordenar las flores del féretro de su padre, prometiendo que no la volvería a incomodar. Marcia quiso tomarlo como una especie de disculpas, pero aún no confiaba completamente en Camila, por otro lado sentía que era su deber ayudarla, tampoco era demasiado lo que le pedía.

Las dos chicas comenzaron a ordenar las coronas, eran invisibles para el resto de los invitados, pues estaban pendientes solamente de conversar y rumorear. Marcia logró sentirse más tranquila, notó que Camila trataba de acomodar una corona de flores que estaba casi a la cabecera del ataúd pero alcanzaba, y como Marcia era más alta decidió ayudarla. Hasta ese momento no había experimentado otra sensación que no fuera de asco por el aroma y encierro del lugar o desagrado por la insistencia de Camila respecto de mirar a un muerto, pero la sensación que tuvo al acercarse al féretro era diametralmente opuesta, ahora podía percibir algo extraño y maligno, sentía que el muerto la estaba observando. Trato de no prestar atención a sus pensamientos y dirigió su mirada hacia un rincón de la capilla, ahí vio a su tía, quien conversaba animadamente con otras personas, entendió que no se irían muy pronto del lugar. Mientras hacía estas reflexiones, sintió un fuerte empujón en la espalda y con el impacto fue a dar encima del ataúd, justo encima de la cubierta de vidrio de aquel espantoso y repulsivo féretro.  Marcia pensó que se había quebrado el vidrio por el golpe, pero aquella preocupación, quedó desecha cuando vio al  difunto frente a ella. El cadáver tenía un aspecto siniestro, aquel rictus cadavérico y ese color oscuro medio verdoso que da la muerte, no hacían más que aumentar lo horrendo de la situación, el difunto tenía los ojos abiertos, como si la piel se hubiera retraído, y en ellos había una expresión de horror y miedo, como si la última imagen que presenciara, hubiera sido algún espectro o demonio. Aquel rostro obeso y notoriamente hinchado, solo aumentaba lo repulsivo del espectáculo, cuando Marcia creyó que esto sería lo peor que podría ver en su vida, noto que el cadáver se había movido con el empujón que ella había dado, dejando al difunto con el cuello torcido hacia un costado, mostrando las marcas de la soga con la que evidenciaba haberse quitado la vida. Mientras tanto su compañera, se llevaba las manos a la boca para tapar su mueca de risa perversa luego de haber logrado su cometido.

Marcia se sentía idiota por haber confiado en aquella desequilibrada, y se sentía pésimo de haber presenciado la horrenda visión de aquel cadáver, salió del lugar y se sentó en una gran piedra, tratando de recuperar la cordura. Ahí se quedó, hasta que se acercó su tía, quien le dijo que no se preocupara por lo ocurrido, pues todos vieron que ella se había resbalado cayendo sobre el ataúd. Pero Marcia no tenía ánimos de decirle a su ingenua tía lo que realmente había ocurrido, que estaba lejos de ser un accidente, esto había sido el resultado perverso de una compañera inestable y envidiosa, a esas alturas pensaba que ni siquiera estaba tan afligida por la muerte de su padre y lo único que la detenía de no haberse defendido de Camila, era que para el resto de las personas incluida su tía, era una pobre niña huérfana.

Marcia estaba decidida a irse, le envió un mensaje a su tía y como esta no respondió, entró a buscarla, le provocaba un gran desagrado, ingresar nuevamente a la horrible capilla. Antes de volver a la capilla, diviso a Camila que salía rápidamente en dirección al jardín de la gran iglesia, Marcia pensó que quizás buscaba el baño o algo así, pero al verla alejarse sintió cierta tranquilidad, así que continuó con su propósito de entrar sacar a su tía o irse sin ella, tenía claro que jamás volvería a aquel fatídico lugar.

Aún estaban todos en el interior de la capilla y antes de encontrar a su tía, Marcia se topó de frente con una mujer que llevaba su cabello cubierto con una mantilla negra y su ropa era del mismo color, se dio cuenta que era la viuda. Aquella señora aún era joven, pero su semblante denotaba gran dolor y sufrimiento, parecía que llevaba la carga de toda una familia en sus hombros, su aspecto era muy delgado y sus ojos se notaban hinchados y rojos por el llanto, se veían canas en su cabello que anunciaban una vejez prematura y triste. La viuda se acercó y mirándola, le pidió que avisara a su hija, para entrar  al break con todos los invitados. Marcia, no tuvo más remedio que acceder a este requerimiento, su cuerpo y mente le decían que a esa hora no debería estar ahí, tenía una extraña sensación que anteriormente había experimentado, pero ahora, con el paso de las horas y el silencio del lugar, se acrecentaban. Le hubiese gustado acusar a su malvada compañera, pero como darle otro motivo de dolor a esa mujer, simplemente no podía.

El jardín tenía grandes árboles y una pileta con peces salmones en su interior, todo era húmedo y frío, aquella inmensa iglesia no dejaba que la luz llegara demasiado y las frutas que había en los árboles se notaban que solo estaban a disposición de las aves. Camila, por más que miraba no lograba encontrar a su compañera, pensó que habría vuelto a la capilla, así que comenzó a regresar, tuvo la sensación de que algo o alguien la observaba desde lo alto, pero no había nadie. Marcia pensaba que le diría a la viuda si volvía a la capilla y no llevaba a su hija, entonces pensó que había buscado mal hasta ahora, pues solo lo había hecho en el jardín. De pronto recordó, como Camila se jactaba de haber trepado hasta lo más alto de la iglesia, desde niña lo hacía, ya que el padre de esta, trabajaba en las oficinas de la gran Iglesia.

La construcción religiosa, se imponía por sobre todas las otras del lugar, y por sobre el edificio más alto de la capital. Cuando Marcia miró hacia lo alto, vio cerca de las gárgolas como alguien trataba de avanzar, ahí estaba la inquieta y perversa Camila, Marcia decidió llamarla y comenzó a gritarle que bajara, pero esta no le hacía caso, quizás ni siquiera la escuchara. Camila seguía avanzando hacia lo más alto de la empinada iglesia, como si se tratara de una loca carrera sin propósito, Marcia pensó que su compañera realmente había perdido la razón, aun así, decidió seguirla, sabía que en un punto más cercano, podría pedirle que bajara, que su afligida madre la llamaba.

Quizás la oscuridad o el destino, le permitieron encontrar rápidamente un acceso, había una estrecha escalerilla, con al menos unos ocho metro de alto, que la llevaría muy cerca del primer grupo de gárgolas, justo donde había divisado a su compañera. Marcia no quiso mirar hacia abajo, tenía terror de hacerlo, ella y las alturas no se llevaban muy bien, pero esta era la misión que una pobre viuda le había encomendado y debía cumplirla.

Marcia subió rápidamente, como si aquel gran edificio la hubiera esperando, se aferró lo más fuerte que pudo a la oxidada escalerilla, rogando al mismo tiempo que ninguno de sus tornillos saliera de su base o sería su final, como tenía el celular en el bolsillo del pantalón y con los movimiento que hacía, este cayó a más de ocho metros de altura destrozándose en el piso. Las dos chicas lejos de la mirada de los adultos, una seguía a la otra y de ahí una caída era realmente probable, pero eso parecía no importarles, y tampoco se habían percatado que abajo en la iglesia donde velaban al muerto, las cosas comenzaban a cambiar.

Había comenzado a llover, los invitados y familiares fueron al break que se haría fuera del recinto antes de cerrar la iglesia definitivamente, ya se habían retirado las coronas de flores y solo habían quedado los cirios alrededor del ataúd, el muerto había quedado completamente solo. Los familiares del difunto habían llamado a las dos niñas y como no contestaron, supusieron que el hambre las había hecho adelantarse al break, este razonamiento se vio fortalecido, ya que la viuda, olvidó por completo que había enviado a Marcia a buscar a su hija, nadie se enteró que las niñas corrían gran peligro en las alturas.

Marcia miró hacia abajo y vio todo el barrio incluida otras iglesias, le pareció que poco faltaba para llegar al cielo, aunque ella no pretendía llegar hasta lo más alto de la peligrosa estructura. El parque cercano se divisaba como un punto a lo lejos, y el ocaso comenzaba a dejar todo en penumbras, de pronto, vio a Camila quien seguía muy cerca de las gárgolas, aunque se había detenido por algún motivo. Marcia sintió vértigo y al mirar hacia el patio interior que ya estaba oscuro, comprendió que jamás debió haber subido, ya era tarde para arrepentirse, y solo le quedaba acercarse a Camila y bajar rápidamente con ella. Salió de la escalerilla y piso un espació que le permitía moverse pero muy apegada al muro, llegando donde habían largas y estrechas ventanas de la iglesia, se propuso no mirar hacia abajo y sintió temor de cargarse fuerte en los grandes ventanales, estos de algún modo podrían ceder y caería hacia el interior. Sabía que su temor a las alturas podía jugar en su contra, se afirmó muy fuerte, y finalmente encontró a Camila, estaba tratando de bajar por una especie de puente conocido como arbotante, como estaban inclinados hacia abajo y como tenían agua de lluvia que caía de las bóvedas, era muy peligroso. Marcia al ver esta maniobra, le hablo muy molesta.

-¿Me estás buscando Marcia?

–Pues claro, que creías que venía por placer a verte –dijo Marcia a Camila-.

La hija del difunto, seguía en una actitud realmente desagradable, y no se daba cuenta del peligro que corría. Tu madre te está buscando –dijo Marcia a su compañera-.

–Ahora bajaremos juntas –dijo Marcia-.

–No, no quiero bajar contigo –dijo Camila-.

Marcia, pensó que todo lo que hiciera por esta ingrata compañera, era inútil, finalmente si Camila conocía el lugar, la que realmente corría peligro era ella. Así que decidió bajar sola, se sentó y moviendo solo las piernas, se fue afirmando de las húmedas y frías columnas, su ropa arrastraba hojas podridas, temía resbalar y caer desde lo alto. Escuchó  a Camila dar un fuerte grito, había caído una pesada gárgola de la que se había sujetado anteriormente, cuando se acercó a ella, la vio colgando de uno de sus brazos, justo al final del arbotante. Marcia se aproximó rápido a ella y vio que estaba llorando, su compañera ahora estaba aterrada.

-Sujétate de mi mano –dijo Marcia-.

-Voy a caer –dijo Camila-.

-No, no pasará, solo sujétate y bajaremos –dijo Marcia, a su compañera-.

Marcia, logró subir a su compañera, las dos chicas bajaban en completo silencio.

Cuando llegaron abajo, Camila se adelantó ingresando rápidamente a la capilla, como vio que estaba solo y sin ningún invitado, comenzó a gritarle a su padre, como si hubiese perdido la cordura. Marcia, se sintió incómoda, pero también sintió cierta lástima de Camila, sin duda entre ella y su padre habían quedado temas pendientes, temas que no le concernían.

Solo alumbraban algunos cirios, Marcia sintió temor, pues vino a su mente la imagen de aquel horrible rostro cadavérico, recordó la marca de la soga y la sensación incómoda que sentía en el lugar. Decidió retirarse del lugar, y caminó hacia  la puerta de salida, atravesando añosos árboles y la gran pileta, había poca luz, y vio que habían encadenado la puerta principal. Trató de abrirla, y no lo consiguió,  miró al cielo y a pesar de la hora estaba de un color rojo muy extraño, su chaqueta comenzaba a empaparse por la lluvia, cerca de ella no había una sola alma, miro hacia la capilla y la única luz que llegaba era de los cirios que custodiaban el cadáver. Marcia creyó que sus ojos estaban como los de un felino en la noche, pues comenzó a ver todo con más claridad, notó una pequeña puerta, que daba hacia un patio del sitio contiguo, pensó que ahí podría estar su tía y el resto de los familiares del difunto.

Sin duda esa puerta podría ser su salvación o al menos eso parecía, la empujó con toda su fuerza pero no logró moverla, miró alrededor de ella y el muro que la custodiaba era grueso aunque se notaba un poco deteriorado. Se alcanzaba a ver un espacio que dejaba el muro, incluso podía pasar uno de sus brazos, pero no más que eso, el resto de su delgado cuerpo no pasaría. En ese instante se escuchó un grito venía del interior de la capilla, sintió temor pues pensó que Camila quizás se había lastimado, pero recordó que adentro habían bancas y que podría sacar una de ellas para ponerla contra el muro, y escapar del lugar.

Mientras se acercaba nuevamente al lugar del féretro, sintió gran temor, su estómago se apretó como si toda su musculatura le avisara que no debía continuar, su corazón comenzó a latir más rápido. Debía ingresar a la repulsiva capilla, debía saber porque había gritado su compañera, pero no estaba dispuesta a pasar la noche con un muerto.

Provista del arrojo que dan las situaciones límites, se fue acercando lentamente a la puerta, en un árbol, encontró un farol que estaba encendido, sentía que el tiempo se había detenido, no se sentía un solo ruido, solo se escuchaba su agitada respiración. La gran puerta tallada en madera, estaba parcialmente abierta, vio a Camila en un rincón acurrucada, tenía las piernas abrazadas contra su pecho, miraba fijamente al féretro, parecía una niña pequeña. Al mirar con detención, vio que el  ataúd estaba en el suelo parcialmente ladeado, con los vidrios destrozados y los candelabros tirados en el piso, aquel silencio maligno comenzaba a apoderarse del lugar, Camila no la miraba, Marcia se acercó y trató de levantarla, pero su aterrada compañera, solo decía que ella no lo había hecho, y que el reloj de su padre se escuchaba fuerte, muy fuerte.

Marcia, pensaba que todo era irreal y que debería sacar la banca, tal y como lo había planeado, pidió a Camila que le pasara su celular para llamar, pero está le dijo que lo había dejado con su madre. Marcia comenzó a arrastrar la banca, quería llevarla afuera y era muy pesada. Cuando Camila ya más tranquila, había comenzado a ayudar a su compañera, y juntas arrastraban la pesad banca, sintieron un horrible sonido gutural, provenía del ataúd, el cual se acompañaba del sonido incesante de un reloj.

Aquella infecta caja mortuoria, contenía al padre de Camila, ahora estaba en el suelo, como si una fuerza externa y maligna lo hubiese hecho, y de ella había salido aquella especie de quejido, Marcia miró horrorizada a Camila, la sujeto del brazo diciéndole que no se acercara, ya que los muertos no hacían sonidos de ese tipo, y lo que fuera que habían escuchado, seguro no era su padre. Al pronunciar estas palabras, Marcia comprendió lo desquiciado de su discurso, pues que sabía ella de difuntos, este sencillamente era su primer y último funeral al que asistiría.

El sonido se hacía más audible y macabro, Marcia seguía arrastrando la banca hacia la salida ahora con más ahínco, tratando de no perder la razón, mientras tanto, Camila se aferraba a Marcia, parecía que su orgullo y actitud violenta hacia su compañera hubieran mutado drásticamente. Finalmente lograron empujar la banca hasta la puerta de ingreso, pero como era larga, una parte de ella se había quedado al interior, ambas decidieron empujarla desde adentro. Nuevamente al interior de la capilla, comenzaron a empujar la banca, pero fueron interrumpidas, ya que a sus espaldas se sintió un fuerte golpe, cuando las chicas se giraron para mirar, vieron que la tapa del ataúd había sido arrancada de cuajo, y lanzada hacia un rincón del lugar. Camila se puso a rezar, mientras Marcia la tomaba de la chaqueta y le decía que saltaran por sobre la banca para llegar a la salida, no tendrían otra oportunidad.

Decidieron dejar el pesado objeto, y salvarse de lo que fuera que estaba al interior, pero la muerte se hizo presente, aquel espectáculo sórdido y demoniaco que presenciarían, jamás saldría de sus jóvenes mentes, nada de lo que estaba ocurriendo tenía sentido o lógica para las chicas. El terror que sintieron fue tremendo, cuando vieron el cadáver como emergía desde el interior del féretro, unas oscurecidas y podridas manos se afirmaban del borde del ataúd. Fue tal la impresión, que Camila paso prácticamente por encima de su compañera, ambas salieron sin la banca dejándola tirada y bloqueando la entrada de la capilla, corrieron con todas sus fuerzas pasaron los árboles, la pileta y llegaron hasta la puerta que estaba en el muro.

Se detuvieron, recuperando la respiración, y Marcia tomando de la mano a su compañera, le dijo que no se preocupara, pues la misma banca bloque la salida de la capilla. Camila repetía como si fuese un mantra, que eso no era su padre y que jamás volvería a ese lugar, y luego mirando con sincero arrepentimiento a Marcia, le pidió perdón por haberla empujado contra el ataúd.

Más tranquilas y reconciliadas, vieron una pequeña reja que protegía unas plantas, y pensaron en ocuparla como escalera, sin embargo el estruendo de la banca cayendo casi a los pies de ellas, las hizo comprender que la desgracia y mala suerte seguía en sus vidas, luego de la destrucción de la banca cerca de ellas, todo quedó en silencio, un silencio infernal que anunciaba angustia y dolor. Los pensamientos de las chicas fueron interrumpidos, por el sonido de un reloj a cuerda, aquel tic tac maldito anunciaba que ya era tarde, la aberración estaba a sus espaldas.

Alumbraron con el farol y vieron como el difunto abría su boca emitiendo un horrible sonido, pues el rigor mortis comenzaba a destrozar la quijada del difunto. La cabeza le colgaba hacia un costado, las dos niñas se abrazaron y esperando un final trágico, vieron que la boca del muerto comenzaba a rasgarse, emanando una sangre oscura y putrefacta. Camila comenzó a tambalear como si fuera a desmayarse, Marcia vio que aquel demonio se abalanzó para culminar un acto homicida, contra la que había sido su hija, Camila cayó al suelo de rodillas suplicando por su vida y como Marcia la vio a merced de aquel demonio, lanzó la lámpara de aceite con tal fuerza, que encendió al corrupto y descompuesto ser. El fuego aumento los hedores de la descomposición, la entidad pútrida comenzó a dar fuertes golpes a ciegas, pues las llamas le alcanzaron el rostro, ardía en su impecable traje azul.

Nadie, excepto la oscuridad sería testigo del cruel y diabólico final de las chicas, aquel no muerto levantó uno de sus brazos tomando fuerza para asestar un golpe final, sus ojos estaban completamente negros, pero Camila logró reaccionar a tiempo, y moviéndose al lado de su amiga, el golpe fue a dar contra el muro, y fue tal impacto que logró abrirlo más, las niñas comenzaron a pasar por él. Se escucharon gruñidos del no muerto, y a pesar que lo cubrían las llamas, logró  sujetar a Marcia desde su mochila. El maligno difunto no la dejaba cruzar, los movimientos de las niñas y de aquella aberración, lograron soltar el antiguo muro cediendo una parte de el sobre la entidad. Lamentablemente Marcia había quedado atrapada pues una de las manos del difunto aún sujetaba la mochila que llevaba en la espalda.

Camila, vio que Marcia corría riesgo de morir aplastada, pues el cuerpo de su amiga estaba atrapad por las manos de aquel engendro y por el peso del muro. Se armó de valor y tomando una piedra filosa, comenzó a golpear al putrefacto, con tal rabia y decisión que llegó a amputar sus manos, rompiendo de paso el maldito reloj, se escucharon quejidos de aquella entidad, pero la chica sabía que no era su padre aquella cosa. Arrastró a su amiga fuera del muro, y vio que estaba herida, mientras la sangre fétida del muerto, penetraba en la tierra oscura y silenciosa, las dos chicas se miraron llorando, mientras la lluvia caía sobre sus cuerpos.


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