ROMA, ITALIA – La Ciudad Eterna ha amanecido envuelta en una atmósfera de melancolía palaciega. No es un adiós cualquiera; es la despedida al hombre que enseñó al mundo que la belleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu. En la histórica sede de la Fundación PM23, en el corazón palpitante de Roma, se ha instalado la capilla ardiente de Valentino Garavani, el último emperador de la aguja, fallecido el pasado lunes a los 93 años.
La Estética del Silencio: Un recorrido por la Capilla Ardiente
Lejos de la opulencia estridente, el diseño de su última morada terrenal ha sido un ejercicio de sobriedad absoluta. Una alfombra blanca impoluta guía a los fieles de la moda hacia un féretro cerrado, escoltado por la mirada eterna del maestro en un retrato en blanco y negro.

El aire, perfumado por jarrones rebosantes de flores blancas, vibra con una música fúnebre que marca el compás de los sollozos contenidos. En un gesto de humanidad conmovedora, sus inseparables perros de raza «pug» permanecen junto al ataúd, custodiando a quien fuera su compañero de vida, bajo la mirada atenta de su socio de décadas, Giancarlo Giammetti, y sus ahijados y herederos, los hermanos Sean y Anthony Sax.

«I Love Beauty, It’s Not My Fault»
La Plaza de España, testigo mudo de sus mayores triunfos, se ha transformado en un santuario. Sobre la boutique principal, la bandera italiana ondea a media asta, mientras los escaparates, velados en riguroso negro, exhiben en letras blancas el que fuera su credo: “Amo la belleza, no es mi culpa”.

Afuera, coronas de rosas enviadas por el Ayuntamiento de Roma y el Teatro de la Ópera —institución para la cual Valentino creó el vestuario de una legendaria La Traviata en 2016 bajo la dirección de Sofia Coppola— rinden tributo al hombre que fusionó la moda con el drama lírico.

Voces de la Maison: El legado en manos de sucesores
Alessandro Michele, actual director creativo de la casa, transitó la sala con una mezcla de pesadumbre y reverencia. «Tocar sus cosas en las habitaciones donde trabajó es hermoso», confesó Michele, reconociendo que el peso del legado de Valentino es ahora el faro que guía su propia visión.

Pero el testimonio más desgarrador vino de las manos que construyeron su mito: sus costureras. Lucia, quien sirvió en el taller durante veinte años, recordaba entre lágrimas al genio que «ya imaginaba lo que nosotros debíamos hacer antes de mover la aguja». Para ella, Valentino no era solo un jefe; era la encarnación de la perfección.
Un vínculo indisoluble con la Urbe
Aunque nacido en el norte, en Voghera, Valentino fue, en palabras del alcalde Roberto Gualtieri, la luz y el color de Roma proyectados al mundo. Desde su primera colección en 1959, el diseñador y la ciudad sellaron un pacto de sangre y estilo que hoy culmina con una devoción popular pocas veces vista en la industria.

Admiradores de todo el planeta, como la mexicana Maetzin Contreras —quien tuvo el honor de ser la primera en ingresar al recinto— coincidieron en un sentimiento unánime: Valentino no creaba ropa; creaba con el corazón, sin límites ni fronteras.
Agenda del Último Adiós
- Jueves: Continuará abierta la capilla ardiente en la sede de la fundación para el público general.
- Viernes: El acto litúrgico final tendrá lugar en la imponente Basílica de Santa María degli Angeli e dei Martiri a las 11:00 horas.
Crónica de Estilo: El fin de una Era
Con la partida de Valentino, la Alta Costura pierde su gramática más pura. Se retira el hombre que hizo del rojo un estado mental y de la elegancia una armadura. Roma no solo despide a un diseñador; entierra al arquitecto de un sueño estético que, a pesar de su ausencia física, seguirá siendo el referente máximo del lujo atemporal.
Por: SDNnews con informacion y fotos de : EFE








