Un ingeniero pesquero venezolano triunfa en una multinacional salmonera en Chile

Puerto Montt, en la Región de Los Lagos, al sur de Chile, siempre fue el norte en la brújula de Edwin Alexander Maldonado Blanco cuando pensó en emigrar para huir de la crisis en Venezuela.

Como ingeniero pesquero de la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, en Punto Fijo, estado Falcón, sabía que tendría buenas oportunidades en territorio austral, considerado potencia mundial en el cultivo de salmones y moluscos bivalvos.

Así, Edwin, también Oficial de la Marina Mercante (Patrón de Segunda Clase), llegó al país con su esposa María Alejandra Zerpa y sus dos hijos, Marwin y Fabián, el 5 de enero de 2019, con una corta visita a su hermano en Santiago y a sus primos residentes en Rancagua. Los recibieron conocidos de un familiar, quienes fueron atentos y amables.

“Gracias a Dios pude conseguir trabajo en mi segundo día en la ciudad. Fue como operario (obrero) en una planta procesadora de salmón. Ingresé dando lo mejor de mi desde el primer día”, cuenta el ingeniero de 36 años, a quien se le unió su pareja en la misma planta, donde laboraban una semana de día y otra semana de noche. “Fue una experiencia nueva, dura pero muy reconfortante”, recuerda y resalta además, el rol motivador de María Alejandra en los momentos más difíciles.

Escenario laboral muy diferente

Entre otras labores, el falconiano venía de desempeñarse como inspector de pesca y acuicultura, con competencias como observador científico a bordo de la flota industrial polivalente y atunera de Venezuela en el Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura (Insopesca) y durante esa etapa se convirtió en especialista en artes y métodos de pesca y en identificación de especies como peces, tiburones y mamíferos marinos.

Ahora el epicentro de sus experticias serían salmones. “Meses después se comunicaron conmigo desde una empresa de mayor envergadura, preguntándome si estaba regular con mis papeles y le dije que sí, que desde el primer día que entré. Esta sería mi segunda empresa aquí en Chile y es donde actualmente presto mis servicios como técnico de traslado de peces vivos. Laborando con personal de primera línea y muy profesionales”, agrega.

Se refiere a la Australis Seafoods S.A. que produce, procesa y exporta salmones y truchas originarios de las puras y milenarias aguas del sur de la Patagonia chilena.

A Maldonado Blanco le gusta vivir a diario, confiesa, esta nueva experiencia en el campo de la reproducción, alimentación y transporte de especies. «Trasladar a los peces a las jaulas en el mar es algo nuevo, no desconocido, pero palpablemente nuevo (…) en el Caribe, por condiciones climáticas, no se trabaja con el cultivo de salmones», refiere.

Sin embargo, aclara que eso no quiere decir que Venezuela no tiene experiencia en acuicultura y destaca que posee buenas condiciones climáticas para el cultivo de camarón y por ello resalta como productor y en la cría.

La Punto Fijo de Chile

Edwin compara a Puerto Montt con Punto Fijo. La siente como una ciudad pequeña y pujante, con gente muy buena y amigable. «En lo personal tiene un parecido a mi ciudad natal, Punto Fijo, en la Península de Paraguaná, que se conoce como la península de la amistad», detalla.

Su experiencia con los chilenos ha sido positiva. “Aquí he conocido muchos de muy buen corazón que me ayudaron y acobijaron, a quien les debo grandemente. De hecho, todavía después de dos años vivo cerca de la familia chilena que nos recibió y nos dio cobijo a mí y a mi familia. Somos muy unidos con ellos y nos apoyamos en todo”.

Sobre la diáspora venezolana en Chile y el mundo, tiene claro cómo se debe actuar al emigrar. “Uno como migrante no debe ponerse exigente por más capacitaciones y títulos que tenga la persona. La humildad y ser respetuoso son los títulos que uno debe mostrar de primera mano. Un comportamiento ejemplar siempre habla bien de uno y de nuestro país”, indica.

Hay que respetar la cultura del país que nos recibe, insiste. Considera que para ser migrante hay que tener mucha fuerza y espíritu aventurero. Si se es casado es una decisión de pareja, añade.

Dice que para el éxito como migrante resulta fundamental tener mentalidad positiva. En su caso tiene como máxima tratar de no quejarse. “Muchos de nuestros paisanos que les ha ido mal o les ha ido regular pero extrañan a su familia, dirán lo contrario. Por eso pienso que es un tema delicado. Estamos en una época de generación de cristal donde cualquier comentario afecta positiva o negativamente. Donde se juzga a otros si no piensa igual. Por eso cada realidad es distinta”, reflexiona.

Edwin se siente privilegiado por su realidad construida desde el esfuerzo. Agradece el rol impulsor de su esposa, de su madre y de sus dos hijos.

En sus tiempos libres lee libros científicos o cualquier libro que llame su atención. También se oxigena jugando béisbol y futbol con Marwin y Fabián. “En general amo compartir con mi familia que es mi motivación e inspiración”, sentencia.

Para finalizar reflexiona sobre el momento histórico: “A los migrantes venezolanos nos tocó salir por necesidad, como todos los migrantes del mundo, pero nos tocó emigrar en una época donde los países no podían recibirnos. De paso la pandemia nos ha afectado demasiado a muchos de nuestros hermanos están sufriendo dentro del país y en las afueras. Creo que esta época migratoria nos va a fortalecer como sociedad, nos hemos reconvertidos para mejorar y tengo fe de que creceremos como una mejor sociedad”.

Fuente: Globovisión / Crónica de Chile 

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