Venezuela celebra 463 años de fundación de la ciudad de Mérida

La ciudad de Mérida, es la capital del municipio Libertador y del estado Mérida, es una de las principales localidades de los Andes venezolanos. Se encuentra ubicada sobre una meseta en medio de la región, entre las sierras montañosas de La Culata y Nevada. La ciudad recibió su nombre el 9 de octubre de 1558 por el fundador Juan Rodríguez Suárez, quien la bautizó de este modo en honor a su ciudad natal, Mérida en Extremedura, España.

Juan Rodríguez Suárez fundó la ciudad de Mérida en Venezuela, donde actualmente se encuentra San Juan de Lagunillas (estado Mérida), y le dio el nombre de Santiago de los Caballeros de Mérida, en alusión a Mérida de Extremadura (España), su ciudad natal. Dado que Rodríguez Suárez no poseía autorización real para tal empresa, será Juan de Maldonado quien –al año siguiente– obtiene la venía de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá para trasladar y fundar oficialmente la ciudad de Mérida en la meseta de los tatuyes, que desde entonces ocupa, en el valle medio entre los ríos Chama, Albarregas y Mucujún, al borde la Sierra Nevada.

Desde su fundación, el crecimiento poblacional de la ciudad de Mérida fue bastante lento. Se tiene registro de unos 3.300 pobladores indígenas y cerca de 150 familias de colonos españoles, para el siglo XVII; un siglo más tarde los nativos indígenas sumaba otros mil, y los europeos alcanzan los 2.000 individuos.

Entrado el siglo XIX, el 26 de marzo de 1812 –en pleno Jueves Santo– la meseta de Mérida, de topografía sísmica, fue sacudida por un fuerte terremoto que cobró la vida de más de 800 personas, lo cual fue una merma importante de su población.

Fundación de la Ciudad de Mérida Venezuela

El carácter religioso y educativo de la ciudad de Mérida, se manifiesta desde 1628 cuando los jesuitas establecen el primer colegio para la educación religiosa y humanista. Para el año 1778 fue elevada como Episcopal, y en 1785 recibió a Fray Juan Ramos de Lora como obispo, quien creará el Seminario de San Buenaventura –germen de la actual Universidad de Los Andes, ícono de la ciudad.

En plena gesta independentista el descontento popular crecía, así el 22 de diciembre de 1817 el general Juan Antonio Paredes asumió el movimiento rebelde La Patriecita, para intentar liberar a Mérida del control español, y que se logrará del todo en 1831 con la entrada en vigencia del sistema republicano.

La ciudad de Mérida es conocida por su atractivo turístico, su clima frío y las hermosas montañas que la rodean, el Parque Nacional la Sierra Nevada y el Sistema Teleférico de Mérida Mukumbarí –el teleférico vaivén más alto y largo del mundo–. Mérida destaca por el gentilicio de sus pobladores, así como ser la ciudad universitaria por excelencia de Venezuela, que le hizo merecedora de las palabras del escritor Mariano Picón Salas al definir a Mérida como “una universidad con una cuidad por dentro.

Leyenda de las Cinco Águilas Blancas de Mérida Venezuela

La Leyenda de las Cinco Águilas Blancas es un hermoso canto a la Sierra Nevada de Mérida escrito por Tulio Febres Cordero. Fue publicado por primera vez en “El Lápiz”, el 10 de julio de 1895.

Las cinco águilas representan los cinco picos que en años anteriores permanecían cubiertos de nieve todo el año: La Corona (Pico Humboldt y Pico Bonpland), La Concha, La Columna (Pico Bolívar), El León y el Toro.

Existe un monumento dedicado a las Cinco Águilas Blancas ubicado en la redoma de la Vuelta de Lola, en la entrada de Mérida de la vía que conduce al páramo. Allí se observan cinco imponentes águilas talladas en bronce, cada uno en una posición distinta, pero todas tan majestuosas como la Sierra que aparece de fondo en las montañas.

En un artículo publicado en El Universal de Caracas, el 2 de marzo de 1934, Enrique Bourgoin se inspira en esta Leyenda de las Cinco Águilas Blancas cuando narra su cuarto intento, infructuoso, por conquistar el pico Bolívar, realizado junto al guía Domingo Peña a comienzos de aquel año: …“Miro hacia la cima… –Hay alguien que sube más que nosotros. –¿Quién? –Aquéllas… Le hice volver la cara al cielo. Las águilas volando describían círculos sobre la cima del Bolívar.

Leyenda de las Cinco Águilas Blancas | Texto completo

Tulio Febres Cordero.

Cinco águilas blancas volaban un día por el azul del firmamento; cinco águilas blancas enormes, cuyos cuerpos resplandecientes producían sombras errantes sobre los cerros y montañas.

¿Venían del Norte? ¿Venían del Sur? La tradición indígena sólo dice que las cinco águilas blancas vinieron del cielo estrellado en una época muy remota.

Eran aquellos los días de Caribay, el genio de los bosques aromáticos, primera mujer entre los indios Mirripuyes, habitantes de Ande empinado.

Era la hija del ardiente Zuhé y la pálida Chía; remedaba el canto de los pájaros, corría ligera sobre el césped como el agua cristalina, y jugaba como el viento con las flores y los árboles.

Caribay vio volar por el cielo las enormes águilas blancas, cuyas plumas brillaban a la luz del sol como láminas de plata, y quiso adornar su coraza con tan raro y espléndido plumaje. Corrió sin descanso tras las sombras errantes que las aves dibujaban en el suelo; salvó los profundos valles; subió a un monte y otro monte; llegó, al fin, fatigada a la cumbre solitaria de las montañas andinas. Las pampas (*1), lejanas e inmensas, se divisaban por un lado; y por el otro, una escala ciclópea, jaspeaba de gris y esmeralda, la escala que formaban los montes, iba por onda azul del Coquivacoa (*2)

Las águilas blancas se levantaron, perpendicularmente sobre aquella altura hasta perderse en el espacio. No se dibujaron más sus sombras sobre la tierra.

Entonces Caribay pasó de un risco a otro por las escarpadas sierras, regando el suelo con sus lágrimas. Invocó a Zuhé, el astro rey, y el viento se llevó sus voces. Las águilas se habían perdido de vista, y el sol se hundía ya en el Ocaso.

Aterida de frío, volvió sus ojos al Oriente, e invocó a Chía, la pálida luna; y al punto detúvose el viento para hacer silencio. Brillaron las estrellas, y un vago resplandor en forma de semicírculo se dibujó en el horizonte.

Caribay rompió el augusto silencio de los páramos con un grito de admiración. La luna había aparecido, y en torno de ella volaban las cinco águilas blancas refulgentes y fantásticas. Y en tanto que las águilas descendían majestuosamente, el genio de los bosques aromáticos, la india mitológica de los Andes moduló dulcemente sobre la altura su selvático cantar.

Las misteriosas aves revolotearon por encima de las crestas desnudas de la cordillera, y se sentaron al fin, cada una sobre un risco, clavando sus garras en la viva roca; y se quedaron inmóviles, silenciosas, con las cabezas vueltas hacia el Norte, extendidas las gigantescas alas en actitud de remontarse nuevamente  al firmamento azul.

Caribay quería adornar su coroza con aquel plumaje raro y espléndido, y corrió hacia ellas para arrancarles las codiciadas plumas, pero un frío glacial entumeció sus manos: las águilas estaban petrificadas, convertidas en  cinco masas enormes de hielo.

Caribay da un grito de espanto y huye despavorida. Las águilas blancas eran un misterio, pero no un misterio pavoroso. La luna oscurece de pronto, golpea el huracán con siniestro ruido los desnudos peñascos, y las águilas blancas se despiertan.

Erizanse furiosas, y a medida que sacuden sus monstruosas alas el suelo se cubre de copos de nieve y la montaña toda se engalana con el plumaje blanco.

Este es el origen fabuloso de las Sierras Nevadas de Mérida.

Las cinco águilas blancas de la tradición indígena son los cinco elevados riscos siempre cubiertos de nieve.

Las grandes y tempestuosas nevadas son el furioso despertar de las águilas; y el silbido del viento en esos días de páramo, es el remedo del canto triste y monótono de Caribay, y el mito hermoso de los Andes de Venezuela.

(+1) Se refiere a los llanos barineses. (*2) se Refiere al Lago de Maracaibo

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