CARACAS – La economía venezolana atraviesa una coyuntura de extrema fragilidad. A la emergencia humanitaria derivada del doble terremoto que azotó al país el pasado 24 de junio, se suma ahora una aceleración en la depreciación del bolívar, cuya cotización en el mercado oficial ha experimentado un ascenso sostenido que, para este viernes 10 de julio, situó la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV) en 721,34 bolívares por dólar.
Un impacto acumulado: El alza no es un evento aislado, sino el agravamiento de un proceso que se arrastra desde octubre de 2024. Sin embargo, los expertos coinciden en que el desastre natural ha funcionado como un catalizador, ejerciendo presiones adicionales sobre el gasto público y las expectativas de los agentes económicos. Según Asdrúbal Oliveros, consultor financiero, las dos semanas posteriores a los sismos han sido determinantes para observar «una aceleración de la depreciación del bolívar», un fenómeno que el Estado ha intentado contener mediante intervenciones cambiarias que, hasta la fecha, se han mostrado insuficientes.
La voz de los expertos: un panorama complejo
El análisis de los especialistas arroja un balance crítico sobre la política monetaria. El economista Manuel Sutherland, durante su participación en el espacio televisivo RealEconomik, calificó el entorno actual como una «anarquía» cambiaria donde la brecha entre la tasa oficial y los mercados paralelos roza el 23 %.
«El problema base es la cero confianza en el bolívar», explica Oliveros. Esta desconfianza empuja a los actores económicos a refugiarse en divisas o bienes, impidiendo la estabilización de los precios internos. Por su parte, Sutherland sostiene que la ausencia de disciplina fiscal y la emisión inorgánica de fondos, sumadas a la restricción del crédito bancario —afectado por un encaje legal que se mantiene en un 73 %, el más alto del orbe—, han asfixiado la capacidad de respuesta de los sectores productivos frente a esta nueva crisis.
Consecuencias para el bolsillo ciudadano
El deterioro del poder adquisitivo es la consecuencia más visible de este desplome. Mientras los servicios básicos y salarios continúan siendo nominalmente expresados en bolívares, la inflación y la devaluación erosionan la capacidad de consumo de la población. Las alarmas están encendidas: con un incremento superior al 120 % en el tipo de cambio oficial en apenas seis meses, los analistas proyectan un escenario a corto plazo marcado por la incertidumbre si no se implementan medidas de ajuste fiscal con carácter de urgencia.
A este escenario se suman los daños físicos directos de la catástrofe, estimados preliminarmente por el PNUD en 6.700 millones de dólares, lo que ha obligado al Estado a redirigir recursos hacia la remoción de escombros y la atención a los damnificados. La combinación de una infraestructura colapsada con un mercado cambiario inestable plantea, en palabras de Sutherland, la necesidad imperativa de un «rescate económico» que involucre a todos los sectores para intentar frenar una dinámica que, de mantenerse, continuará pulverizando el valor de la moneda nacional frente a las necesidades reales de los venezolanos.
Diario Libre
Por: Redacción Standard Digital News | Economía | Con información de Agencias | Fotos cortesía | 11 de julio de 2026








