CABIMAS.– Entre plataformas oxidadas, tuberías carcomidas por la corrosión y aguas profundamente contaminadas, la antigua capital de la bonanza energética nacional enfrenta las secuelas de décadas de desinversión, abandono e interrupción operativa. Lo que a principios del siglo XX se consolidó como el epicentro de la producción hidrocarburífera en Venezuela es hoy el reflejo de un entramado industrial desmantelado que aguarda por una compleja y costosa reconstrucción.
En la superficie del lago de Maracaibo, una espesa capa de cianobacterias —conocida popularmente como «verdín»— cubre aproximadamente el 70 % de la cuenca. Informes del Observatorio para la Defensa de la Vida (Odevida) confirman una eutrofización intensiva provocada por verter cerca de 10.000 litros por segundo de aguas residuales sin tratamiento, junto al impacto acumulado de agroquímicos, efluentes urbanos y constantes derrames de crudo.
Expropiaciones, parálisis y destrucción de la infraestructura
El deterioro del parque industrial zooliano se profundizó tras las medidas adoptadas por el Ejecutivo nacional en mayo de 2009. Durante esa jornada, más de 140 empresas conexas y 39 muelles sufrieron procesos de expropiación, resultando en la confiscación de alrededor de mil embarcaciones, entre gabarras, diques, remolcadores y grúas que prestaban soporte técnico en el yacimiento lacustre.
«El estado de la industria al día de hoy es deprimente. La infraestructura está completamente colapsada», aseveró Rafael Zambrano, secretario general del Sindicato Marino del estado Zulia y secretario ejecutivo de Fedepetrol. El vocero gremial recordó que antes de 1999 la cuenca operaba con 156 taladros en campos terrestres, 89 gabarras y cientos de embarcaciones de apoyo. «Las empresas dejaron de invertir y todo lo que vemos hoy fue decayendo de manera paulatina. Hay muchas tuberías en la cuenca que necesitan reparaciones por el tiempo que llevan sumergidas. Todo esto ha sido un proceso de destrucción», añadió.
Especialistas del sector estiman que bajo las aguas del embalse yacen más de 30.000 kilómetros de tubos afectados por la falta de mantenimiento preventivo, situación que alimenta las continuas filtraciones de petróleo en la zona.
Desviación de recursos y el desafío técnico de la reactivación
El colapso de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) coincidió con la gestión de Rafael Ramírez (2003-2012), período en el que la compañía desvió cuantiosos capitales hacia proyectos ajenos a la actividad extractiva. Registros sobre la administración de Ramírez señalan irregularidades por más de 11.000 millones de dólares en la petrolera, acumulando pérdidas globales estimadas en unos 700.000 millones de dólares por concepto de corrupción, mala praxis técnica y financiamiento de obras en el exterior.
En la actualidad, la red hidrocarburífera abarca más de 15.000 pozos en la cuenca, de los cuales cerca de 13.000 requieren intervenciones de alta complejidad para volver a producir. Sin embargo, personal operativo advierte sobre los riesgos de incrementar la presión en las instalaciones existentes.
«La industria colapsó. Se politizó, y eso nos hizo mucho daño», señaló Yunior Padrón, supervisor con 32 años de servicio en las unidades colectoras de crudo. Padrón enfatizó las implicaciones de reactivar el flujo sobre redes deterioradas: «Si presionamos estas tuberías viejas, van a colapsar. Habrá fugas incontrolables. Manchas de crudo por todas partes».
Perspectivas económicas e inversiones necesarias para el rescate
A pesar del severo impacto ambiental, sectores locales mantienen la expectativa sobre una eventual recuperación económica, impulsada por las recientes flexibilizaciones de licencias otorgadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a transnacionales como Repsol, Chevron, Shell y ENI.
No obstante, las proyecciones financieras reflejan la magnitud del reto. De acuerdo con datos de la firma consultora Rystad Energy, la restitución plena de la producción en el lago de Maracaibo hasta alcanzar los tres millones de barriles diarios requerirá una inversión acumulada de 150.000 millones de dólares en un horizonte de 10 a 15 años. Dicho monto contempla la renovación de sistemas de almacenamiento, líneas de transporte, adecuación de instalaciones y saneamiento ambiental, situándose en 53.000 millones de dólares el capital necesario únicamente para sostener el nivel operativo actual.
Por su parte, gremios como la Cámara de Industria y Comercio de Cabimas estiman que el reinicio progresivo de las actividades petroleras podría dinamizar hasta el 90 % de las 400 empresas privadas del sector contratista que sobreviven en la Costa Oriental del Lago, en medio de un escenario donde la viabilidad operativa dependerá del reemplazo total de la infraestructura obsoleta.
Por: Redacción Standard Digital News | Sección: Economía – Petróleo | Fotos cortesía | Fecha: 3 de agosto de 2026








