Los escenarios contemplan alta probabilidad de movimientos perceptibles y una posibilidad significativamente menor de eventos de mayor intensidad. No obstante, los especialistas insisten en que probabilidad no significa certeza.
CARACAS – Tras una semana de intensa zozobra, marcada por el doble sismo que azotó el centro norte costero de Venezuela el pasado 24 de junio, la comunidad científica ha alzado su voz para llevar calma a la población. Geólogos y especialistas en ingeniería sísmica han ratificado que, si bien la tierra continuará vibrando, no existen indicios técnicos que apunten a la ocurrencia de un evento de mayor magnitud en el corto plazo.
La normalidad de la inestabilidad: El ingeniero Ysmael Solórzano, en declaraciones recientes, enfatizó la importancia de diferenciar entre una amenaza inminente y el comportamiento geológico esperado tras una ruptura de gran escala. «Un sismo más potente que el ya vivido no sucederá por el momento», sentenció, aclarando que la secuencia de movimientos es parte del proceso habitual de reajuste de la corteza terrestre, la cual busca recuperar el equilibrio mecánico tras la liberación masiva de energía.
Combatir la desinformación
La preocupación ciudadana ha sido exacerbada por una ola de rumores y alertas sin base científica que circulan en redes sociales y aplicaciones de mensajería. Entre las falsas alarmas que han causado mayor ansiedad destacan advertencias infundadas sobre un «terremoto inminente» y la posibilidad de tsunamis.
Solórzano fue tajante al desmentir estos bulos, recordando que en las horas posteriores al evento se verificaron las condiciones costeras y el nivel del mar se mantuvo estable. «Hubo personas alarmando injustificadamente. El mar estaba tranquilo», subrayó, haciendo un llamado a la responsabilidad y a consultar únicamente fuentes oficiales y expertos reconocidos.
¿Qué ocurre bajo nuestros pies?
La ciencia explica este fenómeno como una transferencia de energía hacia zonas contiguas que ya acumulaban tensiones. Según lo expuesto por investigadores como Daniel Melnick (Universidad Austral de Chile) y Sam Wimpenny (Universidad de Bristol), el terremoto principal altera el estado físico de las rocas circundantes. Cuando estas tensiones superan la capacidad de resistencia del terreno, ocurren nuevas rupturas o réplicas.
Si bien el mecanismo general es comprendido, la sismología moderna sigue estudiando factores complejos que podrían influir en el proceso, como la migración de fluidos subterráneos y fenómenos en cascada dentro de las fallas activas.
Un horizonte de tres a seis meses
La pregunta sobre la duración de este periodo de inestabilidad tiene una respuesta consensuada entre los especialistas. Franck Audemard, reconocido geólogo venezolano y experto en tectónica, proyecta que la secuencia de réplicas podría mantenerse activa en un lapso de tres a seis meses.
«Van a seguir ocurriendo movimientos para un sismo de esta magnitud. Lo normal es que el decaimiento de la actividad sísmica dure entre tres y seis meses», explicó Audemard durante un reciente análisis técnico.
Esta proyección es respaldada por pares internacionales como Luis Donoso, sismólogo de la Universidad del Desarrollo de Chile, quien toma como referencia experiencias globales previas. Por su parte, los modelos estadísticos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) coinciden en que, aunque persiste una alta probabilidad de sentir réplicas moderadas, la posibilidad de eventos de mayor intensidad es significativamente menor.
Los expertos insisten en que, aunque la probabilidad es baja, la cultura de prevención debe ser la norma: el peligro actual no radica en un gran terremoto, sino en el posible colapso de estructuras que quedaron debilitadas tras los eventos del 24 de junio.
Por: Redacción Standard Digital News | Nacionales | Con información de El Nacional | 01 de julio de 2026








