CARACAS (SDNnews) – Este domingo 2 de febrero, Venezuela no solo celebra una tradición; celebra su ternura rebelde. Las Plazas Bolívar de cada rincón de la geografía nacional se han transformado en altares de retazos y color para conmemorar el Día Nacional de la Muñeca de Trapo, una festividad que late al ritmo del legado de la eterna Zobeyda Jiménez, “La Muñequera de Venezuela”.
El bautizo de trapo: Un ritual de fe artesanal
Bajo la sombra de los samanes y al calor del gentilicio, el momento cumbre de la jornada es el bautizo de las muñecas. Lejos de ser un simple juego, este acto simboliza el nacimiento de una nueva pieza de memoria histórica. Con pétalos de flores y agua bendita por el sentimiento popular, las artesanas otorgan nombre y alma a sus creaciones, asegurando que la identidad venezolana no se desvanezca en la era de lo digital.

“Cada muñeca es un pedazo de nuestra historia, un refugio de nuestra infancia y un símbolo de resistencia cultural”, destacó Aracelys García, presidenta de la Fundación Red de Arte, al dar inicio al Camino de Honor de Trapo, un desfile donde las creaciones de tela son las protagonistas absolutas.
Zobeyda Jiménez: La mujer que cosió un país
La fecha no es azarosa. Se rinde tributo a la inolvidable Zobeyda, quien enseñó que una muñeca de trapo no es un objeto, sino un sujeto con derechos y voz. A través de conversatorios y talleres formativos, las plazas se han convertido en escuelas abiertas donde las nuevas generaciones aprenden a enhebrar la aguja de la creatividad popular.
Lo que se vive hoy en las Plazas Bolívar:
- Talleres de creación: Familias enteras rescatando el arte de la costura a mano.
- Exposiciones itinerantes: Piezas que narran las leyendas de nuestros pueblos originarios y afrovenezolanos.
- Intercambio de saberes: Cultores de avanzada edad compartiendo secretos de costura con los más pequeños.
Más que tela: Resistencia y Arte
En un mundo de plástico y producción en serie, la muñeca de trapo venezolana se erige como un arte de resistencia. Es el juguete que nace de la carencia para convertirse en abundancia espiritual; es la estética de lo sencillo elevada a Patrimonio Cultural.
Hoy, las plazas de Venezuela no están llenas de juguetes, están llenas de espejos donde nos reconocemos como un pueblo que, a pesar de las dificultades, sabe remendar sus heridas con hilos de esperanza y alegría.
Por: SDNnews Con informacion de Globovision








