MARACAIBO 14 de noviembre de 2025.El Tenor de las Américas, Jorge Quintero, con una trayectoria de más de 57 años de dedicación al arte, ofreció una entrevista exclusiva a Standard Digital News donde desgranó la historia de su profunda resiliencia. El tenor zuliano, cuya voz ha honrado los escenarios más exigentes de Europa y el mundo, se define como «mucho más que un cantante, es un intérprete, un filósofo del esfuerzo y un ‘guerrero’ forjado en la adversidad.»
El Origen y la Génesis Étnica
Sus inicios se remontan a una convergencia entre su herencia popular y étnica, una lucha por la supervivencia que forjó su técnica. La semilla de su vocación fue sembrada por su abuela paterna, Carmen Elena Quintero, siendo el tango «Yira-Yira» interpretado por ella uno de los recuerdos más significativos de su infancia.
Crecido entre danzas, bambucos y décimas, el Maestro Quintero nunca separó su «génesis étnica» de su voz, ya que proviene de los «pueblos de agua de allá de Nazaret», parroquia del municipio Mara, específicamente en San Rafael del Moján.
El Maestro Quintero se mudó a Maracaibo alrededor de los seis años. Su pasión por el canto fue ineludible y lo llevó a desafiar las normas académicas; solía escaparse de la escuela para poder ensayar con agrupaciones de gaita de la época, como Cardenales del Éxito.
De la Gaita a la Resistencia del Gladiador
Su debut formal ocurrió el 17 de mayo de 1968 en «La Ollada» de Maracaibo. Irónicamente, su primer empleo en un conjunto de gaita terminó cuando el director le recriminó por «gritar mucho», una temprana señal de la potencia que el rigor lírico exigiría.
A los 12 años, un diagnóstico de sordera inminente lo obligó a «conspirar con el cosmos». Este desafío lo llevó a desarrollar un oído absoluto por supervivencia, dominando el diapasón y la disciplina para escuchar «todos los ruidos que había en la quietud de la noche». A los 15 años culminó sus estudios de música en la entonces Escuela de Música de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia.
El Voto de Confianza que Abrió Italia
La transición de Quintero al mundo lírico profesional se gestó en una voluntad inquebrantable y la búsqueda de una beca para estudiar formalmente la voz en el exterior, a pesar de la resistencia inicial de su padre y la falta de apoyo.
A sus 27 años, presentó por casualidad una audición para un curso ante el Maestro Osvaldo Alemanno, maestro del canto lírico. Alemanno, convencido del potencial único de Quintero, le extendió una tarjeta de presentación personal —una «llave a Italia»— y un voto de confianza. Ya en el mundo académico italiano, tuvo el honor de tratar a su máxima inspiración, el legendario tenor Mario del Mónaco.
El Maestro Quintero recibió el título de «Voz de las Américas» en 1987 por la UNESCO, un reconocimiento que subraya que el arte es «un acto de interpretación total», donde la disciplina, la entrega y el rigor intelectual superan el simple acto de emitir sonido.
El Desafío de Belmonte Guzmán
A lo largo de su carrera, se convirtió en el solista para quien el compositor venezolano Juan Belmonte Guzmán escribió gran parte de su obra vocal. La música de Belmonte, de extracto popular y nacionalista con orquestación compleja y densa, exige que el solista posea tanto la inflexión emocional de la música venezolana como la disciplina técnica de la ópera europea.
El tenor, en esta obra, debe poseer un «gran sentido del color» y una “resistencia como la de un gladiador”. No se trata de un canto delicado, sino de una batalla vocal donde la voz debe proyectarse con cuerpo y alma para superar la masa sonora de la orquesta, sin recurrir al grito.
El Mensaje del Carpendium
Hoy, a sus 72 años, el Maestro Quintero, que ha llevado su arte a los mejores escenarios de Europa y el mundo, vive y trabaja bajo el concepto romano de Carpendium:
“Yo no pienso mucho en mis proyectos a futuro, yo pienso en mis proyectos del hoy. Los que llaman los romanos el Carpendium, un día a la vez.”
Su mensaje final para la juventud es un llamado a la acción: la voz es solo el 10% del potencial; el 90% restante es tenacidad, persistencia y disciplina, pues «la vida es un tren, un tren que te va a arrollar si te encuentra desprevenido.»

Por Sascha Ramírez (pasante)








