La Neurocientífica e investigadora junto a su equipo están desentrañando los misterios de lo que sucede en el cerebro durante la muerte, arrojando luz sobre un tema poco explorado.
Para la neurocientífica Jimo Borjigin fue una sorpresa: no podía creer que, aunque “morir es una parte esencial de la vida”, no sabíamos “casi nada” del cerebro moribundo. Lo evidenció hace poco más de 10 años por puro “accidente”. “Estábamos haciendo experimentos con ratas en el laboratorio. Examinábamos sus secreciones neuroquímicas después de una cirugía”, le cuenta a BBC Mundo.
Las investigaciones revelaron la liberación masiva de serotonina en el cerebro moribundo, lo que plantea interrogantes sobre el papel de este neurotransmisor en esa experiencia. El estudio del cerebro puede conducir a nuevos tratamientos para aliviar el sufrimiento al final de la vida y una mejor comprensión de la naturaleza de la muerte

Finales de la vida.
Las observaciones de Jimo abrieron un sinfín de preguntas sobre el funcionamiento del cerebro en sus últimos instantes. ¿Qué otras sustancias químicas se liberan durante la muerte cerebral? ¿Cómo influyen estas sustancias en la experiencia de la muerte? ¿Existe una conciencia residua en el cerebro moribundo?
Motivada por estas interrogantes, Borjigin y su equipo de investigación se embarcaron en una ardua tarea, explorar los misterios del cerebro moribundo.
Utilizando técnicas de vanguardia, lograron registrar la actividad cerebral en pacientes con enfermedades terminales, obteniendo valiosos datos sobre los procesos neuroquímicos y eléctricos que ocurren durante la muerte.
El estudio del cerebro moribundo no solo nos acerca a comprender los últimos instantes de la vida, sino que también tiene el potencial de transformar nuestra visión de la muerte en sí misma.
Una nueva comprensión
Borjigin reconoce que su estudio en humanos es muy pequeño y que hacen falta muchas más investigaciones sobre lo que ocurre en el cerebro cuando estamos muriendo.
Sin embargo, tras más de diez años enfocada en esta área, hay algo que tiene claro: “El cerebro, en lugar de estar hipoactivo, se vuelve hiperactivo durante un paro cardíaco”.“Necesitamos mejorar nuestra comprensión de la función cerebral durante una crisis como esa”. De hecho, piensa que ese incremento de actividad cerebral que ha visto en sus estudios es parte de un modo de supervivencia del cerebro cuando se le priva de oxígeno.

Pero ¿qué le pasa al cerebro cuando se da cuenta de que no le está llegando oxígeno? “Estamos tratando de entender eso, hay poca literatura, no se sabe con seguridad”, responde.
Me habla de la hibernación y me dice que tiene una hipótesis: “Que los animales, incluyendo al menos a ratas y humanos, tenemos un mecanismo endógeno para lidiar con la falta de oxígeno”. “Hasta ahora se cree que el cerebro es un inocente espectador de un paro cardíaco: cuando el corazón se para, el cerebro simplemente se muere, la idea actual es que el cerebro no puede lidiar con eso y muere”. Pero -insiste- no lo sabemos.
Supervivencia
Borjigin cree que el cerebro no se quita los guantes fácilmente. Y es que en otras crisis, lucha. “La hibernación es, de hecho, uno de los mejores ejemplos por los que creo que el cerebro está equipado con el mecanismo para sobrevivir esta terrible experiencia, la carencia de oxígeno, pero eso debe investigarse”. Me pide imaginar una familia a la que, de repente, los golpea una crisis económica: los padres pierden sus empleos y no hay ningún tipo de ingreso.
“¿Qué hacen? Reducen sus gastos, sacan de la lista lo no esencial”. “Usan el dinero que les queda solo para lo que les permita sobrevivir”. Ahora piensa que el dinero es el oxígeno para el cerebro. “Yo creo que el cerebro hace lo mismo. ¿Cuál es su función más esencial? No es la que te permite bailar, hablar, moverte. Esas funciones no son esenciales. Lo esencial es respirar, que el corazón lata”. “Por eso es que creo que el cerebro dice: ‘Mejor hago algo ante esta crisis que se está viniendo’. Y es que tiene que conservar esa cantidad decreciente de oxígeno que ingresa a tu sistema”.
Debajo de un iceberg
Borjigin considera que lo hallado en sus estudios es solo la punta de un iceberg gigante, debajo del cual hay muchísimo por descubrir. “Cuando te explicaba mi teoría con el ejemplo de una familia que tiene que redefinir sus prioridades financieras, es porque creo que el cerebro hace lo mismo, creo que tiene mecanismos endógenos para lidiar con la hipoxia que no estamos entendiendo”.

“A eso me refiero con algo debajo de un iceberg inmenso que vemos en la superficie”. “Superficialmente, sabemos que hay personas que sufren un paro cardíaco que tienen esta increíble experiencia subjetiva y nuestros datos muestran que esa experiencia se debe al aumento de la actividad cerebral. «Pero, la pregunta es: ¿por qué el cerebro moribundo tiene una actividad tan intensa?
«Necesitamos investigar, descubrir, entender eso porque podríamos estar haciendo diagnósticos prematuros de muerte de millones de personas, dado que no entendemos el mecanismo de la muerte”.
Con información de BBC News Mundo Fotos GETTY IMAGES








