Articulo de opinión | Lcda. Cynthia Cecilia Tariche Rincón.
Entré a la sala de cine con la expectativa de encontrar un reflejo en un historia que estaba por ver. «El Vendedor» inició con una frase que, sin previo aviso, se instaló en mi memoria: «Yo he trabajado de todo, hasta en el sector funerario, y me quedaron debiendo».
¡Me reí!. Porque así es he vivido: fruto de una mezcla de raíces como tantos venezolanos—cubanas, italianas y wayúu. Porque el humor es el compañero inseparable de quienes han transitado intensamente la vida.
Pero aquella frase no solo me sacó una sonrisa. Se quedó conmigo, resonando en los rincones de mi experiencia laboral. Siete años en el sector funerario, en dos de las empresas más reconocidas del estado Zulia, me enseñaron más de lo que imaginé.
Me convertí en especialista en colectivos funerarios, construí relaciones con los grupos más influyentes de la región, reforzadas por mis doce años en el mundo de las ventas, entre Maracaibo, Maturín y Caracas.
Pero si algo aprendí, es que en este sector funerario el pago es una promesa que rara vez se cumple.
Lo confirmo desde mi propia historia. Si a Arturo, el personaje de la película, no le pagaron, ¿quién soy yo para esperar que me paguen?
Podría contar cientos de relatos, suficientes para una película propia. Historias de negocios exitosos, de miles de clientes que confiaron en mi trabajo.
De instituciones que, en plena pandemia, encontraron en mí un apoyo. Historias de quienes, en el momento más difícil, recibieron ayuda para dignificar a su ser querido en su despedida.
Sin embargo, la realidad tiene su contraparte. No se trata solo de dinero, sino de la lucha desigual en la que unos pocos deciden y muchos esperan. Lo sé bien.
Mi única defensa son mis letras y las pruebas que respaldo con cada palabra escrita. En ellas resido, en ellas existo.
Siempre le he dicho a mis compañeras, que no se preocupen por el pago. No lo hicimos por eso—creo—sino por algo más grande. «POR EL SER HUMANO EN MOMENTOS DIFÍCILES» Ayudamos a la sociedad, aunque a travez de una firma mercantil.
Para nosotros siempre fue otra perspectiva, arriesgamos, pero dimos lo mejor de nosotros cuando más nos necesitaban.
Antes, durante y después de la pandemia, ahí estuvimos. Creímos en lo que hacíamos. Intentamos dignificar un sector que muchas veces vive en la sombra de su propia naturaleza.
Por eso, dejo esta alerta a quienes firmen un contrato funerario: «Pregunten al vendedor si ya le pagaron por su esfuerzo y su trabajo.»
Porque al final, ¿quiénes somos? Tal vez, solo aquellos que siguen luchando, aunque la recompensa nunca llegue.
Lcda. Cynthia Cecilia Tariche Rincón.
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