WASHINGTON.– La administración del presidente estadounidense Donald Trump ha iniciado una fase de expansión en su ofensiva militar contra las estructuras del narcotráfico y el crimen organizado en América Latina. La estrategia, que durante el último año se centró en interceptaciones y neutralización de embarcaciones sospechosas en aguas internacionales del Caribe y el océano Pacífico, contempla ahora el despliegue de operaciones militares en espacio terrestre dentro de la región.
De acuerdo con reportes presentados por la agencia The Associated Press (AP), la fase marítima de esta campaña dejó un saldo superior a las 200 personas fallecidas. Ante este escenario, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, confirmó la formalización de alianzas con los ejecutivos de Colombia, Honduras y Ecuador para ejecutar incursiones armadas combinadas dirigidas a desmantelar las cúpulas delictivas en sus jurisdicciones.
El viraje doctrinal busca replicar en suelo firme los protocolos aplicados en altamar contra embarcaciones que Washington vincula al tráfico de estupefacientes. El Gobierno estadounidense sostiene que diversas agrupaciones criminales de la zona representan una amenaza terrorista directa contra su seguridad nacional, marco bajo el cual se ha facultado el uso de la fuerza militar convencional para su neutralización.
Acuerdos bilaterales, desmentidos y el rol de Venezuela
En el plano multinacional, el titular del Pentágono señaló que la nueva administración al frente del Gobierno colombiano ha mostrado disposición para coordinar acciones contra grupos armados al margen de la ley y bandas dedicadas al narcotráfico, incluyendo la opción de ejecutar maniobras militares conjuntas en territorio neogranadino. Una postura receptiva similar ha sido adoptada por las autoridades de Ecuador y Honduras dentro de esta arquitectura de seguridad hemisférica.
En contraste, el Gobierno de Guatemala desmintió categóricamente la existencia de pactos bilaterales que autoricen la presencia de tropas norteamericanas en su suelo patrio.
Por su parte, la revisión analítica de AP sitúa a Venezuela en el centro del mapa de influencia de esta política de defensa. El informe detalla que Washington ha intensificado su despliegue de inteligencia y efectivos militares en el hemisferio, siendo la nación caribeña uno de los puntos con mayor exposición ante el incremento de la presencia estadounidense en la periferia regional.
Resistencia diplomática por soberanía y reparos en México
La profundización del modelo de intervención militar ha generado reservas e inquietudes diplomáticas en varias capitales del continente, donde se advierte sobre los riesgos de vulnerar la soberanía nacional y desencadenar un espiral de violencia.
La postura más contundente ha provenido de México. Bajo la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum, el Ejecutivo mexicano reitera su negativa a permitir incursiones o maniobras unilaterales de unidades armadas estadounidenses en su territorio sin la debida autorización soberana, si bien mantiene operativos los canales tradicionales de intercambio de inteligencia y cooperación técnica bilateral.
Especialistas en geopolítica y defensa citados por Associated Press coinciden en que la decisión de clasificar a estas bandas delictivas como agrupaciones terroristas modifica el abordaje histórico, desplazando la persecución policial hacia un conflicto de naturaleza militar. Los expertos alertan que esta política defensiva —calificada como la más agresiva de Washington en la región en las últimas décadas— conlleva serios riesgos de generar rechazo nacionalista e incrementar los daños colaterales en la población civil, dado el camuflaje habitual de las células irregulares en zonas habitadas.
Por: Redacción Standard Digital News | Sección: Internacional – Geopolítica y Seguridad Hemisférica | Con información de Agencias / Fotos cortesía | Fecha: 17 de agosto de 2026








