LONDRES.– La Torre de Pisa representa el ejemplo más famoso de una estructura fuera de eje, pero no es la única. Alrededor del mundo, desde las denominadas Casas Bailarinas en los Países Bajos hasta la Pagoda de la Colina del Tigre en China, se erigen múltiples monumentos inclinados que desafían la gravedad. La ingeniería geotécnica y la mecánica de suelos explican las causas de este fenómeno y los motivos por los cuales estas construcciones logran mantenerse en pie sin colapsar.
Las causas de las desviaciones estructurales son variadas. Mandy Korff, profesora asociada de prácticas geotécnicas en la Universidad Técnica de Delft, señala que el tipo de cimientos empleados desempeña un rol determinante. «En el centro de Ámsterdam, la mayoría de las casas están construidas con pilotes de madera», explica Korff. Estos soportes se colocan por pares debajo de los muros y las fachadas, penetrando hasta 12 metros en estratos compuestos por turba, arena o arcilla blanda.

La especialista precisa el comportamiento de estas bases: «Si son así y los pilotes se mantienen en buen estado, entonces no le pasa nada a las casas». No obstante, Korff advierte que la degradación o pudrición de la madera genera grietas, provocando que un reparto desequilibrado del peso derive en una inclinación progresiva con el paso del tiempo.
Condiciones del terreno y factores antrópicos
Las características del suelo constituyen otro factor crítico. Nunziante Squeglia, docente de mecánica de suelos y cimentaciones en la Universidad de Pisa y miembro del comité de supervisión del célebre campanario italiano, aclara los orígenes de su desviación: «La torre comenzó a inclinarse desde el inicio de su construcción debido a que el suelo es extremadamente blando. [Se hundió] entre 3 y 4 metros».
Asimismo, las intervenciones humanas y las alteraciones en el manto freático inciden directamente en la estabilidad de las obras. Un caso emblemático es la torre de la Oude Kerk (Iglesia Vieja) en Delft. «Es mucho menos conocida, [pero] se inclina más o menos de la misma manera que la Torre de Pisa», afirma Korff, añadiendo que «se inclina hacia el canal porque el suelo de un lado fue excavado para construirlo y ahí es más blando. Así que hay menos presión para mantenerla erguida y, cuando la construyeron, empezó a inclinarse».

Existe además una intencionalidad arquitectónica e histórica en ciertas inclinaciones. «Muchas casas en Ámsterdam se construyen inclinadas hacia delante porque así es como se construían las casas de comerciantes en el pasado», puntualiza Korff, detallando que la inclinación frontal facilitaba el izado de mercancías hacia los niveles superiores. «Si se inclinan hacia delante, no significa que haya un problema. Pero cuando se inclinan hacia un lado, sabes con certeza que esa no era la intención», acota.
Estabilidad, técnicas de rectificación y los límites de la intervención
Un edificio inclinado no implica necesariamente un riesgo inminente de colapso. En palabras de Korff, una estructura «tiene que inclinarse bastante para ser estructuralmente inestable». Sin embargo, cuando la desviación compromete la seguridad, se requiere la ejecución de obras de consolidación.
El agravamiento de la inclinación de la Torre de Pisa durante el siglo XX encendió las alarmas institucionales. «La situación era muy preocupante», evoca Squeglia, remarcando que el desplome de la Torre Cívica de Pavía en 1989 funcionó como el «desencadenante» para clausurar el monumento al año siguiente e iniciar trabajos de rescate.
Para estabilizar la torre itálica se aplicó un procedimiento singular. «La técnica elegida fue la extracción de tierra», rememora Squeglia. «Sin tocar la torre, se extrajeron 37 metros cúbicos de tierra del lado norte de los cimientos». Tras 11 años de maniobras, la inclinación se redujo en más de 40 centímetros, reabriendo al público en 2001 con un margen de seguridad calculado para al menos dos siglos.
Korff enfatiza que la solución empleada en Pisa fue «muy especial» y no constituye la norma general en la ingeniería civil. Para corregir cimentaciones de madera defectuosas se requiere la sustitución de la base —un proceso invasivo que implica retirar la planta baja— o la elevación mediante gatos hidráulicos. Sin embargo, enderezar una edificación adaptada a su propia deformación entraña peligros estructurales severos. «Se pueden hacer todo tipo de cosas con los edificios, todo es posible (…) Pero cuesta bastante dinero y es complicado», concluye la experta.
Amenaza del cambio climático sobre las estructuras históricas
Los análisis desarrollados por Korff advierten que, solo en los Países Bajos, aproximadamente 75.000 viviendas erigidas sobre pilotes de madera se encuentran en riesgo de sufrir daños, mientras que una cifra casi tres veces mayor presenta vulnerabilidades asociadas a cimentaciones de poca profundidad.
Las variaciones meteorológicas globales aceleran este deterioro. «Con el cambio climático y las transformaciones en las aguas subterráneas, a veces observamos cambios más rápidos», sostiene la investigadora. El descenso en los niveles freáticos deja la madera expuesta a la intemperie y al oxígeno, precipitando su descomposición y alterando los estratos del suelo en un proceso progresivo que desafía la conservación del patrimonio edificado.
Por: Redacción Standard Digital News | Sección: Ciencia – Arquitectura | Con información de la BBC News Mundo / Fotos cortesía | Fecha: 3 de agosto de 2026








