CARACAS.– El reloj corre para Colombia en la búsqueda de alternativas inmediatas y viables que permitan solventar el creciente déficit en la demanda nacional de gas natural. Ante este escenario, la república vecina identifica en Venezuela al proveedor más inmediato y económicamente competitivo de la región, razón por la cual la puesta en marcha operacional del gasoducto transoceánico Antonio Ricaurte se ha posicionado como una prioridad estratégica de primer orden para las autoridades e industrias del sector energético.
El planteamiento fue expuesto por la presidenta de la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas), Luz Stella Murgas, durante su intervención en la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela (VIOGS), certamen corporativo celebrado en la capital venezolana. Durante su alocución, la vocera gremial enfatizó la dependencia del mercado neogranadino al señalar categóricamente: «Colombia necesita el gas venezolano». Murgas argumentó que, aun cuando hace cinco décadas la nación disfrutaba de autosuficiencia energética sustentada en políticas públicas sólidas, la falta de incentivos en la exploración redujo drásticamente la actividad; como muestra de ello, mientras que en el año 2012 se contabilizaban 130 pozos operativos, la cifra descendió a solo 33 pozos activos en 2025.
Parálisis exploratoria, impacto social y trabas regulatorias
La dirigencia de Naturgas puntualizó que durante el último cuatrienio no se suscribieron nuevos contratos de exploración y explotación en territorio colombiano, circunstancia que aceleró la necesidad de buscar alianzas binacionales. En sus declaraciones, la titular del gremio recalcó el interés corporativo al afirmar: «No se suscribieron contratos nuevos en los últimos cuatro años (…) queremos recuperar el gasoducto Antonio Ricaurte». La reactivación de esta red de transporte de hidrocarburos no solo garantizaría insumos para el sector industrial, sino que atendería una realidad social crítica, considerando que en Colombia todavía más de 1,6 millones de hogares utilizan leña como combustible primario para cocinar.
El ducto binacional, inaugurado en 2007 como el eje medular de la integración energética entre ambas naciones, interrumpió sus operaciones en 2015 como consecuencia del deterioro en los intercambios diplomáticos entre Caracas y Bogotá. Pese a que la infraestructura mantiene su valor estratégico, su reapertura definitiva demanda rigurosas auditorías técnicas sobre la integridad del trazado, así como el levantamiento de complejas barreras regulatorias internacionales.
El obstáculo de las sanciones y la solicitud formal ante Washington
El principal escollo de carácter jurídico que frena el restablecimiento del flujo energético radica en las sanciones financieras impuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos sobre la industria petrolera y gasífera venezolana. Al respecto, Murgas confirmó al diario El Tiempo que desde hace aproximadamente un año la entidad que representa formalizó ante la OFAC la solicitud de una licencia especial que autorice el inicio de las operaciones comerciales de importación sin riesgo de penalizaciones internacionales.
Durante el cierre de los paneles de debate de la cumbre energética, las delegaciones neogranadinas reiteraron la conveniencia financiera de reanudar el suministro proveniente de los yacimientos venezolanos, calificando la transacción como un modelo de negocio rentable y con un amplio abanico de oportunidades comerciales para el desarrollo fronterizo. La decisión final queda ahora supeditada al aval regulatorio de Washington y al acondicionamiento técnico de las tuberías que conectan a ambas naciones.
Por: Redacción Standard Digital News | Categoría: Energía y Economía | Con información de Agencias / Fotos cortesía | Fecha: 2 de octubre de 2026








