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Los valores como guías de vida para darnos un sentido y dirección

Trayectoria vital. Parece poco importante e incluso en ocasiones inútil prestar atención a los valores. Se consideran signos o formas de comportarnos determinadas basadas en una premisa elemental, con significado. Obviarlos es un error porque son la línea de partida en la vida.

¿Has pensado alguna vez el porqué no consigues cumplir tus metas ni objetivos? Y a pesar de tener una planificación y el conocimiento elemental para lograr la realización de X o Y cosa, no lo consigues, y lo postergas.

Porque para muchos el planear la vida que se quiere vivir y el cómo queremos ser, somos y fuimos es relevante. Pero no existe una solides o una base mínima donde fundamentar las ideas, los proyectos, las razones, la argumentación o la realización general de lo que queremos lograr.

Hay una premisa que más allá de ser una idea es una realidad continua: «el dejarse arrastrar por la corriente de los días», el diarismo es venenoso si no se le tiene cuidado. Sin darnos cuenta los meses pasan y los proyectos viven en el abismo del estancamiento. La emoción de crear los proyectos es grande. Pero a la hora de la realización la acción es mínima o nula. Sin embargo, es fundamental identificar qué nos detiene y cómo enfrentar el obstáculo.

Pero ¿por dónde debemos comenzar? Por los valores… Se escucha fácil, pero en la práctica está la complicación.

En primer lugar hay que entender que como seres humanos, somos seres gregarios. Nos encanta estar en compañía, nos fascina familiarizarnos en diferentes aldeas relacionales (como las llamo según el contexto y contenido que este grupo de personas sea).

¿Qué son los valores y para qué sirven?

Sencillo. Son direcciones de vida que se eligen. A través de esta elección trazamos un norte. Y a partir de ese norte empezamos a caminar.
Metamos los principios en este paquete. Definamos y aprendamos a conocernos. Y verifiquemos hacia dónde queremos orientar nuestro eje. Pero trabajemos con lo que contamos.

Básicamente los valores son fuentes inagotables de acción. Y cada quien contiene una serie de valores adquiridos en el tiempo por el aprendizaje según la percepción y acumulación de ideas que el individuo tiene de la realidad. De su realidad creada y forma de ver el mundo. De una visión en particular.

¿Queremos ser personas positivas y dejar la toxicidad? Identifiquemos nuestros valores.

Steven Hayes, en su libro Sal de tu mente, entra en tu vida, habla de los valores mediante la metáfora del «autobús de tu vida». En este viaje, tú eres el conductor de ese autobús. Se subirán pasajeros (emociones, recuerdos, pensamientos, sensaciones…) que tratarán de boicotearte el viaje, queriendo ir en una dirección opuesta a tus valores.

A veces nos dejamos llevar por ellos llevando un estilo de vida o tomando decisiones que no nos hacen sentir bien. Pero no son ellos los que tienen el control del autobús, eres tú quien decide en que dirección vas a ir, hacia dónde va a ir tu vida, independientemente de los pasajeros que te acompañen en el viaje.

Un valor no es un sentimiento, ya que un sentimiento se puede tener, pero un valor no se puede tener como si fuera un objeto. No está en el futuro, no es un resultado, ni un deseo, ni una meta a la que haya que llegar, explica Lua Picologa.

Las metas y los valores

Las metas ciertamente nos llevan a la dirección de nuestros valores. Son mapas direccionales en una carretera. Son lo solido, lo alcanzable, lo tangible en el tiempo acorde con una acción dada. Emitida directamente desde el ser.

Marcarnos metas y objetivos nos ayuda a mantenernos en el camino. Para ello, primero identificaríamos y clarificaríamos nuestros valores, después nos marcaríamos las metas y los objetivos acordes con los valores, por último, definiríamos las acciones que tenemos que llevar a cabo para alcanzar dichas metas.

Ejercicios para identificar los valores

Como hemos comentado, para vivir una vida valiosa, debemos actuar conforme a nuestros valores. El problema viene cuando no sabemos identificar cuáles son esos valores.
Por ello, el primer paso será identificar y clarificar nuestros valores en las distintas áreas de nuestra vida. Este trabajo en terapia se puede llevar a cabo mediante los ejercicios que aparecen a continuación.

1 Asistir a tu propio funeral

Antes de comenzar, decirte que no se trata de ningún ejercicio morboso. La finalidad de este ejercicio es descubrir la manera en que te gustaría ser recordado, ya que esto puede darte información sobre lo que valoras y es importante para ti.
Reflexiona primero sobre lo que temes que te pudieran decir. A continuación, sobre lo que podría decirte un ser querido y sobre lo que te gustaría que dijera. ¿Qué cosas te gustaría escuchar?. En ocasiones, cuando entierran a la gente, escriben un epitafio, ¿Qué frase te gustaría que tuviera tu lapida?

2 Imagínate que tienes 80 años

Para hacer este ejercicio tienes que imaginarte que tienes 80 años y miras atrás para ver tu vida tal y como es hoy. Una vez hecho esto, termina las frases siguientes:
Pasé demasiado tiempo preocupándome por
Dediqué demasiado poco tiempo a hacer cosas como..
Si pudiera retroceder en el tiempo…

3 Diez áreas valiosas

Consiste en descubrir tus valores en las siguientes áreas: matrimonio/pareja/relaciones íntimas; hijos; relaciones familiares (distintas de las de la familia nuclear); amigos/relaciones sociales; carrera/empleo; educación/formación/crecimiento personal/desarrollo; ocio/diversión, espiritualidad, ciudadanía; salud y bienestar.

Al realizar este ejercicio puedes darte cuenta de las áreas que son realmente importantes para ti y de las que no lo son. Si hay algo área en la que no encuentres ningún valor, puedes dejarla en blanco. No hay respuestas buenas ni malas, puesto que no hay valores mejores o peores.
Identifica al menos tres valores y tres principios.

Te comparto los míos: como valores más destacados en mí, Joiner Villasmil, prevalecen el respeto, la responsabilidad y el éxito. Pienso que si respetamos lo hacemos respetándonos a nosotros mismos y respetando al prójimo, esto nos ayuda a socializar mejor y por ende a obtener más y mejores resultados a la hora de realizar cualquier actividad.

En segundo lugar creo que la responsabilidad es un valor base y clave. Sé fiel a tu palabra. Sé lo más justo posible y cumple. Porque un hombre irresponsable genera más desconfianza de lo habitual. Y por último el éxito como resultado y guía primaria para orientarme en la vida, porque el éxito en el cumplimiento de pequeñas metas me ayudará a obtener grandes proyectos a través de la acumulación de estas metas en el tiempo.

Es conveniente que cada uno de nosotros trabajemos en nuestros valores, en cómo queremos ser y en qué dirección queremos llevar nuestras vidas.
Gracias a eso nos motivamos hacia el cambio, pasamos a la acción estableciendo objetivos y metas a corto y largo plazo que nos aportan sentido, dirección y nos hacen sentirnos cómodos con ellos y con nosotros mismos porque están en consonancia con nuestros valores.

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