La Navidad se acerca y, con ella, millones de personas se preparan para vivir días de alegría, unión y momentos especiales junto a sus seres queridos. Sin embargo, no todos experimentan estas fechas con entusiasmo. Para algunos, el tradicional ritual de armar el árbol navideño puede convertirse en una fuente de incomodidad o incluso tristeza.
La otra cara de la decoración navideña
Aunque la ornamentación suele simbolizar felicidad y unión, en la adultez muchas personas enfrentan sentimientos de melancolía. La pérdida de familiares, conflictos no resueltos o las tensiones cotidianas pueden transformar lo que debería ser un gesto festivo en un recordatorio doloroso.
Rolando Salinas, profesor de Psicología de la Salud en la Universidad Católica Argentina (UCA), explica que el rechazo a armar el árbol no siempre responde a falta de espíritu navideño, sino a la necesidad de evitar el estrés que esta práctica puede implicar.
“Hay que aceptar que conllevan un componente de estrés debido a cuestiones relacionadas con la organización de las reuniones, los cierres y balances del año laboral y personal, sumados a las preocupaciones excesivas, que son fuente de ansiedad”, señaló.
Duelo y ausencias en Navidad
Más allá del estrés, Salinas subraya que muchos optan por no seguir esta tradición como una forma de regular la carga emocional o de marcar límites personales. En estas fechas, los duelos se hacen más presentes: las pérdidas, los fallecimientos, las rupturas familiares y, en la actualidad, la distancia de los jóvenes emigrados.
“Muchas personas reviven las pérdidas, los fallecimientos, las rupturas familiares, y en nuestro caso actual, la distancia de los jóvenes emigrados”, indicó. “Algunos padres toman conciencia de la ausencia de sus hijos durante Navidad”.
Razones diversas, emociones comunes
El especialista concluye que las motivaciones para no armar el árbol son variadas: desde la presión emocional y el duelo, hasta el cansancio, la soledad o simples preferencias personales. En todos los casos, la decisión refleja una búsqueda de equilibrio frente a una época que, aunque festiva, también puede remover emociones profundas.








