BARQUISIMETO – La «Capital Musical» ha dejado de lado sus notas cotidianas para entonar un solo himno de devoción. Este 14 de enero, el estado Lara se ha convertido en el epicentro espiritual de Venezuela con la visita número 168 de la Divina Pastora. Más que una procesión, la ciudad vive una puesta en escena monumental donde la esperanza es la protagonista y el pueblo de Santa Rosa se funde en un abrazo eterno con la Catedral de Barquisimeto.

El «Vía Crucis» de los agradecidos: Cruces, túnicas y pies descalzos
El trayecto de 7.5 kilómetros no es solo un recorrido, es el lienzo donde se dibujan las historias más conmovedoras de sacrificio. Los Nazarenos, con sus túnicas moradas y pesadas cruces de madera sobre los hombros, se roban las miradas y el aliento de los presentes.

Bajo el inclemente sol larense, el asfalto se convierte en el altar de miles de promeseros que, descalzos o portando coronas de espinas, transforman el esfuerzo físico en una oración visual. Es el cumplimiento de promesas por favores concedidos o súplicas fervientes por la salud, un testimonio de resiliencia que se siente en cada gota de sudor y en el silencio respetuoso de la multitud al paso de la imagen.
El relevo del fervor: Liquiliquis y sombreros de cogollo
La procesión también es la pasarela de la identidad cultural venezolana. La estampa de los niños, impecablemente vestidos con liquiliquis tradicionales y sombreros de cogollo, arrodillándose ante la imagen, confirma que la devoción mariana está blindada contra el tiempo.

Este relevo generacional es lo que mantiene viva la llama de la fe en Lara. Mientras la imagen avanza lentamente en su majestuoso trono de flores, los fieles elevan pequeñas réplicas de la Virgen al cielo, creando un efecto visual impresionante de «espejos de fe» que buscan capturar, aunque sea por un segundo, la mirada de la Madre del Buen Pastor.
Un despliegue de fe sin precedentes
Con una logística que moviliza a millones, la visita 168 ratifica que la Divina Pastora no solo es una tradición religiosa, sino el evento de identidad más grande del país. Entre cánticos, lágrimas de alegría y el inconfundible aroma a incienso y flores, Barquisimeto vuelve a demostrarle al mundo que, cuando se trata de su Patrona, no hay sol que queme más que el fuego de la creencia.
Por: Redaccion SDNnews con informacion y foto de El Impulso








