LA GUAIRA – La incertidumbre se ha tornado en una profunda indignación para decenas de familias que, tras el sismo del pasado 24 de junio, esperan respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. El epicentro del drama se concentra en el Hotel Santuario La Llanada, donde se alojaba un grupo de 146 venezolanos repatriados a través del vuelo 164 de la Misión Vuelta a la Patria, apenas horas antes de que la estructura de cuatro pisos colapsara.
El vuelo que terminó en tragedia: Los 146 ciudadanos, entre ellos 120 hombres, 19 mujeres y varios menores de edad, habían sido trasladados al recinto para completar procesos administrativos, sanitarios y de seguridad. Minutos después de su llegada, los movimientos telúricos desplomaron la edificación, atrapando a la gran mayoría de los deportados y al personal funcionario que los custodiaba.
Denuncias de abandono y restricción
Familiares apostados a las afueras de la zona cero han alzado su voz contra lo que describen como una gestión deficiente de la emergencia. Según testimonios de sobrevivientes, durante las primeras horas críticas, la ayuda oficial fue inexistente, obligándolos a remover escombros con sus propias manos para intentar rescatar a sus compañeros.
La situación empeoró a partir del amanecer del 25 de junio, cuando, según denuncian los parientes llegados de distintos estados del país, el acceso al hotel fue bloqueado por efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Esta restricción impide que las familias participen en las labores de búsqueda o tengan contacto visual con el sitio del siniestro.
«Fui a reconocer más de 200 cadáveres y no lo encontré. No nos dejan pasar al hotel. Solo quiero llevármelo, vivo o muerto, aunque sea en una caja», expresó entre lágrimas José Rincón, abuelo de Abelardo Rincón, un joven de 23 años desaparecido tras el desplome.
Ausencia de cifras oficiales
Hasta la fecha, el hermetismo gubernamental es total. No existe un balance consolidado que precise la cantidad de fallecidos, heridos o desaparecidos vinculados directamente al vuelo 164. Ante esta falta de información, la desesperación ha crecido exponencialmente. Paola Chacón, prima de Darwin Eliécer Serrano, de 35 años, manifestó la determinación de los familiares: «Nos vamos a quedar aquí hasta que nos entreguen los cuerpos. El estado de descomposición avanza y lo único que pedimos es certeza para poder darles sepultura».
Mientras la búsqueda se prolonga bajo condiciones sumamente complejas, el contraste es desgarrador: algunos deportados lograron salvarse por coincidencias mínimas, como un retraso en los trámites o la fortuna de ser rescatados por otros compañeros entre los restos de metal y hormigón.
El caso del Hotel Santuario La Llanada se perfila como uno de los capítulos más oscuros y dolorosos de esta emergencia nacional. La comunidad de familiares continúa exigiendo transparencia a las autoridades y la apertura inmediata de la zona para permitir un rescate real o, al menos, la recuperación digna de quienes perecieron en el derrumbe.
Por: Redacción Standard Digital News | Sucesos / Derechos Humanos | Con información de Efecto cocuyo y BBC |Foto cortesía | 02 de julio de 2026








