“Un ángel no necesita ver para tocarle a Venezuela” - Standard Digital News | Noticias verdaderas de Venezuela y el Mundo

“Un ángel no necesita ver para tocarle a Venezuela”

Sus pupilas se dilatan ante un brillo que no pertenece a este mundo. Verdes: son los cristales de la vida en un rostro inocente. Escurridizo, tímido, íntimo. Nos enseña su mirada que lo sublime del cielo merodea entre los vivos, y que la magia existe.

César Moreno es su padre. Alba Duran la cigüeña que lo trajo un día de 2009.

—Señor deténgase ¿Le puedo entrevistar? ¿Es su hijo?

El viento tambaleaba la calma en la carretera solitaria donde se produjo el encuentro. La gente pasaba. Las aves volaban en diferentes direcciones. Era difícil conversar con tapabocas, la humedad bordeaba el momento asfixiante. Andrés, temeroso, inclinaba sus parpados al suelo, sujetando fuerte el brazo de papá.

De repente la impresión de ver el amor eterno emergió. “Andrés sufrió de un retinoblastoma (cáncer en los ojos)”, así lo escribió Alba en un mensaje de texto.

El cáncer de ojo es poco común. Puede afectar las partes externas del ojo, como los párpados, que están formados por músculos, piel y nervios. Si comienza en el interior del globo ocular se denomina cáncer intraocular. Los cánceres intraoculares más comunes en adultos son el melanoma y el linfoma. El cáncer de ojo más común en los niños es el retinoblastoma, que comienza en las células de la retina. El cáncer también puede diseminarse desde el ojo hasta otras partes del cuerpo. Pero en el caso de Andrés fue detenido y tratado a tiempo.

—Contame una historia del chamo. Lo que vos queráis. Decime —se le preguntó a César. También quiso hablar sobre él.

—Todos los días me paro en la mañana. Desayuno. Vivo en La Cuarenta. Bajo al Nino, a lo que llaman El Galpón, trabajo con la Alcaldía de San Francisco, desde hace 10 años atrás. Todos los días me voy caminando porque se me hace difícil con el efectivo. Tengo un sueldo mínimo que no nos alcanza. Tengo que hacer trabajos aparte de mi trabajo normal para así subsistir en la vida que tenemos ahorita.

César expresa que a pesar de estar separado de Alba, son unidos por su hijo. Viven cerca y comparten sus vidas con Andrés. Él estudia sexto grado en el Instituto de Educación Especial Bolivariana Joaquín Goecke, ubicado en la Urbanización Coromoto de la ciudad.

Esta escuela presta servicios desde 1977. Cumplen 43 años laborando en el sitio el 16 de julio. Es la única institución en el Zulia especializada en la educación inicial, y estimulación temprana hasta el sexto grado.

El Instituto se llena de música

La escuela se convierte en el Núcleo Nacional de Orquesta de San Francisco por las tardes. Hasta ahora 33 niños son beneficiados. Infantes con discapacidades motoras, visuales, de autismo y Kawasaki. Esta última poco conocida, es una afección rara que en general ataca a niños pequeños.

También se conoce como síndrome de Kawasaki y síndrome de ganglios linfáticos mucocutáneos. Es un tipo de vasculitis, o inflamación de los vasos sanguíneos. La enfermedad de Kawasaki es grave, pero la mayoría de los niños pueden recuperarse por completo si son tratados de inmediato.

Los 33 niños son grandes intérpretes

Escondidos en el Zulia. Le cantan y tocan a Venezuela, con flautas, tamboras y cuatros. No tienen redes sociales ni cientos de admiradores, pero son la transfiguración de la vida y la sencillez del ser. Se le puede ver a Andrés en los ojos. Y en la expresión corporal con la que procede y toca la flauta. Sí. Es músico.

No hay obstáculos

Porque el no tener visión no significó para Andrés un muro alto. Él ve más allá de lo establecido como normativa. Trasciende en el hacer desde una mente abierta a las oportunidades. “Andrés me dice que quiere seguir estudiando y aprendiendo más sobre la música”, el niño le comenta: “papi llevame”, sin tilde, a lo zuliano.

Andrés toca el cuatro, la tambora y la flauta. Desde los dos años le interesó la música. Empezó a sufrir este mal al año y medio de haber nacido pero no le fue difícil aprender a tocar.

Es paciente del Hospital Universitario de Maracaibo. Y pertenece a la Fundación Amigos del Niño con Cáncer Zulia. Pero desde que llegó la pandemia al país, los recursos se agotaron, no pudieron ayudarlo más, la inflación se los terminó de comer. El traslado a Maracaibo se imposibilitó. La fundación lo apoyaría hasta los 18 años.

Un salario mínimo se encuentra en 800 mil bolívares. Cesar percibe al mes unos 3.8 $. Una resonancia magnética como la que requiere Andrés ronda los 8 millones de bolívares. Unos 40 dólares al cambio. Cesar necesitaría trabajar un año entero sin gastar en nada más para realizarle la resonancia a su hijo. Afortunadamente no dependen solo del salario venezolano.

Después de haber conversado largo rato en la carretera. De habernos arrumado a un extremo para evitar un atropello. Nos dispusimos a ir por el mismo camino. Y se escuchaba la continuidad de la plática bajo la música de fondo en el pensamiento, y el sonido del bastón de Andrés.

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